Expresiones y locuciones vinculadas al tiempo y a los calendarios

Esta página, dedicada a expresiones y locuciones relacionadas con el tiempo y/o los calendarios, no es definitiva. Si conoces expresiones de este tipo, te agradeceré que me las señales. Tanto si conoces su origen como si te gustaría conocerlo.

He omitido deliberadamente todos los proverbios y dichos que no requieren una explicación particular o que no necesitan precisiones vinculadas a hechos propios del calendario.

Semana inglesa

La historia del fin de semana, porque de eso se trata al final, empezó... por culpa del lunes.

A finales del siglo XV, los obreros (parece que empezaron los de la industria del cuero) deciden dejar de trabajar los lunes y cerrar el negocio. Cobraban cada sábado y el lunes se iban «a tomar algo» (lo que en el siglo XVIII se convertirá en el «Santo Lunes»).

Como curiosidad, en Romans el Santo Lunes es día de comer ravioles.

El fenómeno se generaliza en Inglaterra, donde parece haber nacido, y también en Francia, Suiza...

En el siglo XVIII, los patronos ingleses se preocupan por esas salidas, que a veces terminan en borracheras, y en 1854 una ley inglesa impone parar el trabajo el sábado a las 14 h. Es la «semana inglesa». Esa ley no se respetará.

Se vuelve a intentar en 1855 y es una asociación inglesa la que propone cerrar los comercios por la tarde. Los patronos de fábrica se interesan y proponen cambiar el Santo Lunes por la tarde del sábado. En 1874 se aprueba en Inglaterra una ley en ese sentido.

La iniciativa inglesa se extiende un poco por todas partes, incluso en Estados Unidos.

Y los estadounidenses piden todo el sábado. Les anima en ello la comunidad judía, que tenía dificultades para practicar el sabbat con solo media jornada libre el sábado.

En 1940 nace en Estados Unidos el fin de semana tal como lo conocemos.

Se impondrá en Francia en los años 1950: «el domingo solo puede ser día de descanso si el sábado la mujer puede hacer la limpieza y la colada». Ojo, no lo digo yo.

Yo estaría de acuerdo con quienes dicen que el origen de la semana laboral de cinco días hay que buscarlo en Inglaterra, si no hubiera leído en un periódico de 1923, en la pluma de F. Bretano: «Los oficios parisinos practican la»semana inglesa", que en los siglos XII-XIII era la semana francesa. De los franceses pasó a los ingleses, que en su espíritu de tradición la conservaron. De Inglaterra vuelve ahora a Francia, rebautizada".

Año cuarenta

Me importa un bledo como el año cuarenta significa que no se concede ninguna importancia a la cosa o a la persona de la que se habla. En resumen, me da igual.

Cuatro hipótesis sobre el origen de la expresión:

  1. Un viejo miedo al año mil transformado luego en año cuarenta. Hipótesis de Quitard, que no explica el 40. En Quebec, sin embargo, una predicción anunció que en 1740 llegaría el fin del mundo. Lo que correspondería al año mil al que se añadirían los 40 años de la vida de Cristo.
  2. Expresión usada por los realistas después de la revolución de 1789 para decir que el año cuarenta de esa república no llegaría jamás. Vale... ¿pero por qué 40?
  3. Lo mismo del lado de los sans-culottes respecto al año 40 del reinado de Luis XVI.
  4. Cuarenta sería una deformación de «Alcorán», palabra usada hacia el siglo XIV para designar el Corán. Este término aparece en la expresión «no entenderlo más que el álgebra o el Alcorán».

El Robert precisa, con razón, que «cuarenta» es la cifra de la espera (los cuarenta días del diluvio, los que pasó Moisés en el Sinaí y las cuarenta horas que pasó Jesús en el sepulcro).

Hay otra pista que merece atención, sabiendo que la expresión data de la década de 1790: Emmanuel Le Roy Ladurie explica al final de su libro sobre la historia del clima que 1740 fue un año terrible, grabado en la memoria colectiva. Aunque más tarde se terminara por restarle importancia.

Ese año estuvo marcado por tres meses de heladas ininterrumpidas en el invierno 1739-1740, seguidos por una primavera y un verano enteros arruinados por largas inundaciones. No hubo ni trigo ni vino. En cambio, hubo más de 200 000 muertos y el crecimiento demográfico de Francia quedó bloqueado durante casi 10 años por este accidente climático.

No querer tener en cuenta cosas importantes sería reírse como del año 1740. ¿Por qué no?

Calendas griegas

Remitir a las calendas griegas es aplazar algo hasta el fin de los tiempos.

Para quienes han leído las páginas de este sitio, se entiende fácil. Las calendas eran el primer día de cada mes romano y no existían en el calendario griego. Ramdam¿Qué pinta una expresión como «hacer ramdam» en una página dedicada al tiempo y los calendarios?

Muy simple: porque ese ramdam tiene su origen en el mes musulmán ramadán y en el período de ayuno asociado. El ayuno va desde la salida hasta la puesta del Sol. Pero por la noche, y especialmente en al-Fitr, hay banquetes y fiestas que a veces son... ruidosas.

Y como la pronunciación argelina de ramadán es Ramdãn, la palabra se francizó en ese sentido hacia 1890.

Obsérvese, de paso, la idea de alboroto, que remite más al volumen sonoro que a la calidad del contenido.

Es en ese sentido de desorden como la palabra la recuperan los soldados de la Primera Guerra Mundial.

Y en cuanto a las prostitutas de la misma época, se intuye bien qué querían decir cuando hablaban de «hacer el ramdam» o «ir al ramdam». Qué energía.

Pez de abril

Digámoslo de entrada: sobre el origen de esta expresión hay muchas conjeturas.

  1. Francisco, duque de Lorena, a quien Luis XIII retenía prisionero en el castillo de Nancy, logró escapar el 1 de abril cruzando el río a nado, lo que hizo decir a los loreneses que les habían dado a custodiar un pez.
  2. "Alusión a los trámites que se hicieron pasar a Jesucristo a comienzos de abril, enviándolo de Anás a Caifás, de Caifás a Pilato, de Pilato a Herodes y de Herodes a Pilato". Quitard atribuye esta hipótesis a Fleury de Bellingen.
  3. Cuando Carlos VI quiso, en 1564, que el año empezara el 1 de abril, el cambio no fue bien recibido; se siguió, por costumbre, dando y recibiendo aguinaldos el 1 de enero; pero en la nueva fecha fijada para el Año Nuevo se daban falsos aguinaldos, regalos trampa; "y como en abril el Sol acababa de dejar el signo zodiacal de Piscis, se dio a esos simulacros el nombre de pez de abril". Según Quitard, esta hipótesis coincide con la fecha supuesta del origen de la expresión.

Me he guardado para el final una hipótesis que me gusta mucho.

  1. Este «pez» vendría de Peissoun, que habría dado paisson y luego pâture. El derecho de paisson o «pasto comunal» era un derecho concedido a los campesinos para llevar a pastar su ganado en bosques o tierras ya libres de cultivo desde septiembre hasta finales de marzo. Para ser precisos sin entrar en detalle, hay una diferencia leve entre paisson y «pasto comunal», pero no cambia el principio.

Así puede leerse en un texto de un jurista de Nivernais (Guy Coquille), de 1607: "los prados quedan abiertos al pasto común desde que se ha recogido la hierba segada, hasta la fiesta de Nuestra Señora de marzo".

Con autorización del señor feudal podía haber «prórrogas», una arrière paissoun, una paissoun d'avril.

Y, en tono de broma, algunos campesinos hacían creer a sus vecinos que había paissoun d'avril cuando no era cierto. Y esos vecinos crédulos llevaban al ganado a pastar para nada, o para acabar regañados.

Ese paissoun d'avril habría acabado convirtiéndose en el pez de abril.

Esta hipótesis se atribuye a Mistral. Si alguien puede confirmarlo...

El cuarto de hora de Rabelais

Dictionnaire universel français et latin, comúnmente llamado Dictionnaire de Trévoux, 1743-1752, 7 volúmenes.

«

Malos momentos que pasar, semejantes a aquellos en los que se encontraba Rabelais cuando tocaba pagar en las posadas y no tenía con qué saldar su gasto. Véase al final de los detalles de su vida, al comienzo de sus obras, la divertida estratagema que ideó un día en Lyon para hacerse llevar de allí a París sin que le costara nada, pues ya no tenía dinero para terminar su viaje. Después de pagar cierta suma de una vez por todas, uno queda exento de ese desagradable cuarto de hora de Rabelais, y tiene el placer de salir de la taberna sin ajustar cuentas con el posadero.

La idea de la muerte nos anuncia un cuarto de hora que, para todo el mundo, es el cuarto de hora de Rabelais. El pequeño padre André de regreso del otro mundo (Le Petit Pere André de retour de l'autre monde). 1716. p. 12.

Observación: la estratagema mencionada fue esta: Rabelais, para salir de Lyon gratis sin pagar lo que debía al posadero, dejó dos paquetes bien visibles en su habitación con las inscripciones «veneno para el rey» y «veneno para la reina». El posadero avisó a la policía, que condujo a Rabelais a París. Francisco I se rio de la broma de su amigo y lo perdonó, dejándolo libre.

Sobre el doctor Cottard, personaje de Un amor de Swann, Proust escribe: "En cuanto a locuciones, era insaciable en la búsqueda de explicaciones, porque, suponiéndoles a veces un sentido más preciso del que tienen, deseaba saber qué quería decir exactamente cada una de las que oía con más frecuencia: la belleza del diablo, sangre azul, una vida de perros, el cuarto de hora de Rabelais, ser el príncipe de la elegancia, dar carta blanca, quedar reducido al quiá, etc., y en qué casos concretos podía, a su vez, introducirlas en su conversación."

Si situamos en 1913 la publicación de Un amor de Swann, conviene recordar que Jules Verne escribió en 1848 una comedia en verso titulada El cuarto de hora de Rabelais (Le quart d'heure de Rabelais).

Buscarle tres pies al gato

Según Quitard y Richelet, esta locución vendría de una manera de contar las horas en Italia (y en Francia, según Quitard) en el siglo XV.

Según Richelet, se contaban las horas "más allá de doce y hasta veinticuatro, empezando desde la puesta del Sol. Ahora bien, como a mediodía, incluso en los días más largos, se cuentan más de catorce horas en ese país, buscar el mediodía a las catorce horas es buscar una cosa donde no está".

Semana de los cuatro jueves

Esta expresión, que significa nunca, hace pensar en las calendas griegas.

No hay que ver en la palabra jueves una alusión al antiguo jueves de los niños (día sin escuela) de hace algunos años, que fue sustituido por el miércoles.

En realidad, la semana de los cuatro jueves fue primero... la semana de los dos jueves.

Dataria del siglo XV y habría recibido ese nombre porque, durante la entrada en París de un papa (Benedicto XII según unos, Eugenio III según otros), que debía celebrarse un jueves, el tiempo fue tan malo que la ceremonia se pospuso al día siguiente, viernes, y ese día el papa, en uso de su autoridad soberana, decretó que ese viernes sería jueves y que los parisinos podrían así comer carne, de donde vendría la semana de los dos jueves.

En el siglo XVI se pasó a la semana de los tres jueves, y así puede leerse en el primer capítulo de Pantagruel, de Rabelais: "Aquel año se encontraron calendas en los breviarios de los griegos. Marzo no cayó en cuaresma y la mitad de agosto tuvo lugar en mayo. En octubre, me parece, o quizá en septiembre (para evitar cualquier error, de lo que procuro guardarme cuidadosamente), tuvo lugar la semana, tan célebre en los anales, llamada semana de los tres jueves (pues hubo tres, por causa de anomalía bisiesta)..."

Algunos han querido ver en la primera semana de un siglo que empieza en lunes (como el año 1900) la semana de los tres jueves, ya que el primer jueves sería al mismo tiempo el primero del mes, del año y del siglo. Una explicación un poco forzada, porque podría decirse lo mismo de todos los días de esa semana.

Camille Flammarion, en un artículo de Le Figaro del 2 de enero de 1892, explica que un viajero que da la vuelta al mundo en sentido este-oeste se retrasa un día respecto a quienes se quedan en su lugar. Puede entonces creerse en jueves cuando en realidad es viernes. En cambio, quien viaja en sentido oeste-este gana un día y puede creerse en jueves cuando en realidad es miércoles. Esos dos falsos jueves, sumados al jueves verdadero, dan... tres jueves. Bueno... en fin.

No deja de ser cierto que la semana de los tres jueves se convierte en la de los cuatro jueves en el siglo XIX.

Victor Hugo recibía a sus amigos el jueves. La primera vez que invitó a Monselet, formuló así su invitación:

Que en mi casa, en adelante, cada jueves te traiga. Y dirigiéndome al propio Dios, le digo: haznos la semana, de los cuatro jueves.

Entonces, ¿partiendo de un hecho real (la semana de los dos jueves), la inflación de jueves no será después obra de escritores? Tú dirás.

Hasta una de estas

Esta expresión, que significa hasta pronto, puede acercarse a hasta uno de estos días.

Es una elipsis de uno de estos cuatro mañanas.

¿Por qué cuatro? También aparece en muchas expresiones (cuatro gatos, a los cuatro rincones del mundo, hilar fino, hacer sus cuatro voluntades, ir de cuatro en cuatro, desvivirse, no andarse con rodeos...) y seguramente debe su favor a la propia estructura del ser humano, que tiene cuatro miembros, y a la naturaleza (cuatro estaciones, cuatro elementos, cuatro puntos cardinales...).

¿Por qué mañanas? Ni idea.

Año sabático

Tomarse un año sabático o una excedencia sabática es, en resumen, hacer una pausa profesional.

La expresión viene del hecho de que cada 7 años el agricultor israelita disfruta de un año sabático en que él y su tierra descansan, conforme al texto bíblico:

«

Levítico 25,2-7: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará descanso en honor del Señor.
Durante seis años sembrarás tu campo, durante seis años podarás tu viña y recogerás su producto.
Pero el séptimo año será sábado, tiempo de descanso para la tierra, sábado en honor del Señor: no sembrarás tu campo ni podarás tu viña.
No segarás lo que nazca de los granos caídos de tu siega, ni vendimiarás los racimos de tu viña sin podar: será año de descanso para la tierra.

Lo que produzca la tierra durante su sábado os servirá de alimento, a ti, a tu siervo y a tu sierva, a tu jornalero y al extranjero que reside contigo, a tu ganado y a los animales de tu país; todo su producto servirá de alimento.

Año de gracia

Esta locución sirve para designar cada año de la era cristiana. Solo estaría atestiguada en el siglo XIV.

Por eso cuesta creer que proceda de la idea de que la cristiandad esperaba la llegada de los Jinetes del Apocalipsis en el año mil, y que cada año de respiro después de ese 1000 debía considerarse «de gracia».

Entonces, ¿cuál es su origen? No tengo idea. En cualquier caso, usar la locución para años anteriores a 1300 es un anacronismo.

Aun así, puede notarse que sigue muy viva, porque todavía se utiliza. Por ejemplo, en la Ley sobre la hora reglamentaria (texto legal canadiense), puede leerse:

«

2 Salvo disposición expresa en contrario,
a) «mes» designa, cuando esa palabra se emplea o se cita en los casos previstos en el artículo 1, un mes civil; y

b) «año» designa, cuando esa palabra se emplea o se cita en los casos previstos en el artículo 1, un año civil y corresponde a la locución «año de gracia».

Plombe

Una expresión como «llevo esperando tres plombes» se traduce, evidentemente, por «llevo esperando tres horas».

Plombe sería una onomatopeya que recuerda el ruido del martillo al golpear una gran campana.

Aparece en una carta dirigida por presidiarios a Luis XVIII en 1815. Más información aquí.

Ciento siete años (107 años)

Una expresión como «no voy a esperar 107 años» se traduce, evidentemente, por «no tengo la eternidad por delante».

La construcción de la catedral de Notre-Dame de París habría durado 107 años, y eso pareció una eternidad a los parisinos, cansados de esa obra perpetua en la Île de la Cité.

Pero también puede relacionarse con la guerra de los Cien Años y la guerra de los Siete Años, lo que suma, en total, 107 años.

Belle lurette

La expresión «belle lurette» significa «hace mucho tiempo», como en «hace belle lurette que se fueron» o «no lo veo desde hace belle lurette».

Muchos sitúan su origen en 1877, mientras que el diccionario de la Academia dice siglo XII.

El bouquet des expressions imagées, de Claude Duneton, nos explica que la expresión vendría de una alteración de las formas regionales hure y hurette para «hora» y «horita»: belle heurette, «bonita pequeña hora» (bellurette en Borgoña).

La combinación de beau y el diminutivo -ette funciona aquí como intensivo.

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