Esta página está pensada únicamente para quienes se inician en el estudio de los calendarios y quieren familiarizarse con nociones básicas sobre los grandes tipos de calendarios.
Podrán leerla con provecho después de consultar primero la página dedicada a las nociones de astronomía. Para especialistas o personas ya iniciadas, su lectura es innecesaria: les parecería... demasiado simple.
Introducción
Para quienes no hayan leído la página sobre las nociones de astronomía necesarias para comprender la estructura de los calendarios, anotemos algunas cifras esenciales:
Cifras que conviene recordar
- Inclinación de la Tierra con respecto a la eclíptica: 23°26'
- Año trópico: 365 d 5 h 48 min 48 s, es decir, 365,24221935 días
- Lunación: 29 d 12 h 44 min 2,8 s, es decir, 29,5305882 días
Hagamos ahora una búsqueda en internet sobre «tipos de calendarios». En muchas páginas que tratan el tema se dice que existen tres tipos de calendarios: calendarios lunares, calendarios solares y calendarios lunisolares.
Si nos limitamos a estudiar los calendarios actuales, es muy probable que esta clasificación en tres tipos nos resulte suficiente. Pero si, como en este sitio, queremos abordar calendarios más antiguos, tendremos que añadir algunos tipos más para quedar plenamente satisfechos.
Veamos todo esto con más detalle.
Si definimos de forma muy rápida el calendario como un sistema de medida del tiempo, entendemos enseguida que necesitamos una unidad de medida.
Y si estuviéramos, sin más recursos, en medio de un prado, ¿cuál sería esa unidad de medida?
¿El tiempo que transcurre entre una salida del Sol y la siguiente? ¿Entre una puesta del Sol y la siguiente? Como unidad de medida sigue siendo demasiado corta, incluso a escala humana. Así que descartamos el día (jornada + noche) como unidad de referencia de nuestro calendario. El día no será más que un submúltiplo de una unidad mayor.
El calendario lunar
Con un poco de paciencia, pronto veremos que un astro cercano a nosotros presenta de forma regular características fácilmente observables. Ese astro es la Luna. Esas características visibles son la luna nueva y la luna llena. La luna nueva es el estado de la Luna cuando... ya no se ve. Por el contrario, la luna llena es el estado de la Luna cuando se ve por completo. Entre dos estados idénticos transcurren de media 29,5305882 días. De media, porque en la práctica puede ser a veces 29 días, a veces 30, o cualquier otro valor dentro de ese intervalo.
Pero da igual. Nos basta con tomar esa lunación, para llamarla por su nombre, como unidad de medida, y asunto resuelto. Vamos a llamar a esta unidad mes y a agrupar varios meses (digamos... 12) para obtener una unidad más grande. Acabamos de inventar un calendario lunar.
Un calendario lunar, por tanto, es un calendario que toma como unidad de tiempo los ciclos de la Luna (en días).
El calendario musulmán es un ejemplo de calendario lunar.
El calendario solar
Si no eres musulmán, pregunta a tus amigos musulmanes si el ayuno del Ramadán tiene lugar siempre en la misma estación. La respuesta será no.
Sería interesante encontrar una unidad de tiempo que haga que las estaciones de calor, lluvia o frío queden siempre en el mismo lugar del año. Con aún más paciencia que al observar la Luna, veremos que las estaciones están relacionadas con la sombra proyectada por un palo clavado en el suelo. ¿Y qué astro produce la sombra de ese palo? El Sol.
En su movimiento aparente alrededor de la Tierra (porque, en realidad, es la Tierra la que gira alrededor del Sol; ¡ya os dije que había que leer la página de astronomía!), existe una posición del Sol en el cielo para la que la sombra del palo es la más corta.
Ya solo tenemos que tomar el intervalo de tiempo entre dos posiciones idénticas del Sol dentro de una misma estación (por ejemplo, el equinoccio de primavera) para definir nuestra unidad de tiempo, que es el año trópico, para llamarlo por su nombre. Su valor medio es 365,24221935 días. Llamaremos a esta unidad año y, si queremos, la dividiremos en subunidades arbitrarias (digamos... 12). Acabamos de inventar un calendario solar.
Un calendario solar, por tanto, es un calendario que toma como unidad de tiempo los ciclos del Sol (en días).
El calendario gregoriano (el que usamos en España) es un ejemplo de calendario solar.
La parte más difícil será conseguir que el promedio del número de días de varios años sea efectivamente igual al año trópico medio. Cuanto menor sea el número de años necesario para aproximarse al valor del año trópico medio, mejor será el calendario.
El calendario lunisolar
No podemos evitar preguntarnos: ¿por qué no intentar conciliar ambos tipos y tener en cuenta a la vez los ciclos lunares y los ciclos solares?
Ese es precisamente el objetivo de los calendarios lunisolares. El gran problema es compatibilizar ambos ciclos, ya que 12 meses lunares están lejos de durar lo mismo que un año solar. Por tanto, hay que añadir de vez en cuando un mes lunar a un año solar para evitar que ambos calendarios se desfasen entre sí.
Un calendario lunisolar, por tanto, es un calendario que toma como unidades de tiempo, a la vez, los ciclos de la Luna y los ciclos del Sol (en días).
El calendario judío es un ejemplo de calendario lunisolar.
Otros tipos posibles
El calendario errante
¿Qué pasa si «fallamos», voluntariamente o no, al construir un calendario solar? Por ejemplo, si nos limitamos a años de 365 días sin introducir de vez en cuando años más largos para acercarnos a una media de 365,25 días.
Pues pasa lo mismo que en los calendarios lunares: poco a poco, el calendario se desplaza en el tiempo, con la consecuencia de que las fiestas llamadas fijas también se van moviendo. Navidad, por ejemplo, celebrada primero en invierno, acabaría celebrándose en primavera y luego en verano...
Por este movimiento de deriva, a estos calendarios se los llama calendarios errantes.
El antiguo calendario egipcio es un ejemplo de calendario errante.
El calendario de horizonte
Para algunos pueblos o civilizaciones que no conocen la escritura, una manera de orientarse en el tiempo consiste en saber que el Sol sale o se pone en tal o cual punto del horizonte según los días del año. Este «calendario», basado en la observación visual, se denomina calendario de horizonte.
El calendario hopi es un ejemplo de calendario de horizonte.
Conclusión
El Sol y la Luna son los dos astros que participan en la construcción de la mayoría de los calendarios.
Como el más fácil de establecer es el calendario lunar, es el que encontraremos con mayor frecuencia entre los calendarios antiguos.
El calendario solar, por las nociones astronómicas que implica (equinoccios, solsticios...), suele aparecer más tarde y su ajuste preciso resulta mucho más delicado. En él encontraremos huellas de los antiguos calendarios lunares, como el número de meses, aunque ese mes ya no tenga nada que ver con el mes lunar como «unidad de tiempo».
Y ahora sí, podemos empezar a descubrir los distintos calendarios de aquí y de allá, de ahora y de antes.