Un poco de historia
«Alfred Métraux, Los incas, Éditions du Seuil: el término inca es ambiguo y, en el uso corriente, se ha alejado de su sentido primero, el de jefe. El soberano del Perú era el Inca por excelencia, título que se otorgaba también a los miembros de su familia y a los linajes emparentados con él. [...] Hoy, esta palabra, como sustantivo y como adjetivo, designa todo lo que se refiere a la historia o a la civilización de la dinastía de los incas. También se aplica al pueblo sobre el que reinó. [...]
Fue con el nombre de quechua como los misioneros designaron la runa-simi o lengua de los hombres, y es con ese nombre como todavía hoy se designa a los indígenas que la hablan. [...] La historia de los indios del Perú comprende, por tanto, dos periodos: el de los incas propiamente dichos, que termina en el siglo XVI, y el de los quechuas, que continúa ante nuestros ojos [...].
Puntos de referencia de la historia inca en forma de tabla
| Fechas | Hitos |
|---|---|
| 15.000 a 5.000 a. C. | Periodo lítico - 10.000: huellas de vida en Perú (pinturas rupestres, puntas de flecha, etc.) - 6.000: sedentarización y domesticación de animales (llama) |
| 5.000 a 1.800 a. C. | Periodo arcaico - 2.500: agricultura intensiva y aparición de técnicas de irrigación - 1.800: producción de cerámica |
| 1.800 a 500 a. C. | Periodo formativo - 1.800 a 1.200: formativo inferior. Aldeas de agricultores. Primeros objetos de metal - 1.200 a 500: formativo superior. Desarrollo y difusión de la cultura chavín. |
| 500 a. C. a 700 d. C. | Periodo de desarrollo regional. Tras el declive de la civilización chavín, se desarrollan al sur diversas culturas regionales: mochica en la costa norte, Lima en la costa central, Nazca en la costa sur y Tiahuanaco junto al lago Titicaca. |
| 500 a 1000 d. C. | Imperio wari. En el sur de la Sierra, la cultura wari (cuenca de Ayacucho) cobra impulso y ejercerá su influencia en gran parte del país antes de desvanecerse de forma gradual al mismo tiempo que la ciudad homónima. |
| 1000 a 1450 | Periodo de los Estados regionales. Formación de Estados locales alrededor de los grandes centros urbanos |
| Hacia 1200 d. C. | Comienzo del Estado inca. Fundación de la capital: Cuzco |
| 1200 a 1438 | Reinado de los incas semilegendarios: Manco Capac, Sinchi Rocha, Lloque Yupanqui, Mayta Capac, Capac Yupanqui, Inca Roca, Yahuar Huaca, Viracocha Inca. |
| 1438 - 1471 | Reinado de Pachacuti Inca Yupanqui |
| 1471 - 1493 | Reinado de Topa Inca Yupanqui |
| 1493 - 1527 | Reinado de Huayna Capac |
| 1527 | Pizarro desembarca en Tumbes y descubre el imperio inca. |
| 1531 - 1532 | Tercera expedición de Pizarro y ocupación de Tumbes |
| Junio de 1532 | Pizarro funda la primera ciudad española del Perú, San Miguel (hoy Piura) |
| 1533 | Asesinato de Huáscar por orden de Atahualpa. |
| 29 de agosto de 1533 | Ejecución de Atahualpa tras el pago de su rescate. «En este reino, ningún pájaro vuela, ninguna hoja se mueve, si no es por mi voluntad». Así se expresaba Atahualpa, el último emperador inca, poco antes de ser asesinado por los conquistadores españoles. |
| 15 de noviembre de 1533 | Entrada de los españoles en Cuzco. |
| 1536 | Levantamiento de Manco Capac II y asedio de Cuzco |
| 1537 | Manco Capac se refugia en las montañas de Vilcabamba y funda un nuevo Estado inca. |
| 1545 | Manco Capac es asesinado por los españoles. |
| 1572 | Conquista del reino inca de Vilcabamba y captura del inca Túpac Amaru, que será ejecutado ese mismo año. |
| 1572 | El virrey Francisco de Toledo da al Perú una nueva estructura social y política. |
| ... | ... |
| 1975 | El presidente Velasco Alvarado hace oficial la lengua quechua en Perú |
| 1979 | La carta constitucional anula el decreto. |
Algunas definiciones
Terminemos esta parte con algunas definiciones que nos serán muy útiles para conocer mejor el calendario inca. Agradezco a Daniel Duguay que me las haya facilitado.
Ayllu
Antiquísima institución social peruana que agrupa a una colectividad agraria unida por lazos de parentesco, consanguinidad, vecindad, religión y lengua (por lo general, entre 200 y 300 personas por ayllu). Esos vínculos son también económicos, ya que todos sus integrantes realizan una parte del trabajo según un sistema cooperativo, el ayni, sobre un territorio puesto en propiedad común (marka en quechua).
El sistema del ayllu hunde sus raíces en las pequeñas comunidades andinas de agricultores anteriores a la época inca. Los incas, que procedían de ellas, lo adaptaron a su forma de gobierno y lo reforzaron. El propio Inca vivía en ayllu (la panaca real). Este tipo de organización social sobrevivió a las extracciones realizadas por los españoles en las comunidades indígenas y convivió, durante toda la colonia, con el severo régimen de la encomienda.
En Perú siguen existiendo cerca de 5.000 ayllus andinos que realizan en común las labores agrícolas, la construcción o el mantenimiento de los graneros comunes, los caminos, los puentes, etc.
Huaca o guaca
Designaba, en el Perú prehispánico, cualquier objeto o cualquier lugar impregnado de fuerza sobrenatural y al que había que rendir culto. Por extensión, hoy se aplica a las ruinas, a los antiguos lugares de habitación e incluso a las vasijas (huacos) halladas en las tumbas. Los huaqueros son los saqueadores de tumbas.
Panaca
Esta palabra quechua puede traducirse como «linaje» o «parentesco». Los incas tenían un sistema de filiación doble, o más bien paralelo, que puede parecernos curioso: dentro del ayllu existía una descendencia patrilineal y una descendencia matrilineal; es decir, los hombres se consideraban descendientes solo de su padre y las mujeres, de su madre.
En cuanto a la familia propiamente dicha, más reducida que la comunidad, sus vínculos eran, claro está, más estrechos. Sin embargo, las denominaciones dadas a sus distintos miembros no eran las mismas según procedieran de hombres o de mujeres. Así, la madre designaba con el mismo nombre a sus hijos de distinto sexo, mientras que el padre distinguía al hijo de la hija, aunque llamaba también «hijo» a otros parientes, como sus sobrinos. Las denominaciones de «hermano» y «hermana» se atribuían a menudo a los primos hermanos. Incluso ocurría que el indígena llamaba «padre, madre, hermano, hermana» a un pariente cualquiera.
Comprender bien qué era la panaca permite no caer en el error de los cronistas que pretendían, por ejemplo, que el Inca supremo podía casarse con su hermana mayor.
Sucanca
Pilares de piedra erigidos al Este y al Oeste de Cuzco que servían para indicar la posición del Sol, tanto al salir como al ponerse, en el momento de los solsticios. El comienzo del invierno venía señalado por un Pucay Sucanca y el comienzo del verano, por un Chirao Sucanca.
Ushnu
Hito de piedra que sirve como punto de observación y desde el cual se «apunta» a una sucanca o a otro punto de referencia. En el propio Cuzco, el ushnu estaba situado en la Huacaypata, la plaza mayor.
El calendario o los calendarios
Las dificultades
La principal dificultad para reconstruir el calendario inca se debe al hecho de que los incas no conocían la escritura. Al menos no una escritura tal como la entendemos hoy, ni tampoco una escritura de tipo logosilábico como la de los mayas.
Eso no les impedía conservar un volumen casi ciclópeo de información. Para ello utilizaban el quipu (quipo, quipou), es decir, un conjunto de cuerdas cuyos nudos, colores y cantidad servían para calcular y conservar esa información.
Sería sorprendente que esos quipus no contuvieran datos calendáricos. El problema es que nosotros no somos quipu camayo (la persona encargada de utilizar el quipu) y los misterios de esos «documentos» siguen siendo todavía misterios. Tanto más cuanto que solo el autor de un quipu estaba realmente en condiciones de descifrarlo.
Una anécdota contada por Bernabé Cobo [1582-1687] puede dar una idea de la capacidad de archivo de los quipus: un español que, para ir de una ciudad a otra, se hizo asignar un guía en una especie de relevo del camino, nunca llegó a su destino y su cuerpo fue hallado seis años más tarde. Había sido asesinado. ¿Pero por quién? ¿Quién era el guía que lo había acompañado? Se recurrió a los quipu camayos y uno de ellos encontró en su quipu el nombre del famoso guía. Este fue interrogado y confesó el asesinato del español.
A falta de una escritura comprensible, los incas nos han legado monumentos y lugares sagrados (huacas). Pero también ahí hay un problema, debido a su destrucción por parte de los españoles durante la conquista, y también después, del imperio inca. En nombre de la cristiandad y de su voluntad evangelizadora, destruyeron esos lugares de idolatría, o supuesta idolatría. Como puede verse también con el calendario inuit, cristiandad es a menudo sinónimo de cretinismo.
Así que, para hacernos una idea del calendario inca, apenas nos quedan:
- los escritos de cronistas posteriores a la conquista, como Bernabé Cobo (1582-1687), sacerdote español que vivió 61 años en Sudamérica, Felipe Guaman Poma de Ayala (1538?-1620?), él mismo en parte inca y autor de una obra inmensa ilustrada por su propia mano, Garcilaso de la Vega (1539 - ?), nacido en Cuzco, y muchos otros, cuya lista está aquí, en un sitio excelente (en francés) donde se puede encontrar un diccionario de los incas e incluso consejos de itinerarios;
- hipótesis formuladas por investigadores contemporáneos como Anthony Aveni o R. Tom Zuidema, entre otros.
Vamos a adentrarnos, por tanto, en los escritos de los cronistas y en las hipótesis contemporáneas. Naturalmente, a veces los textos de los primeros se ven iluminados por las observaciones de los segundos.
Cuzco
Y como nuestras búsquedas nos llevarán sobre todo a Cuzco, merece la pena conocer un poco mejor la situación geográfica de la capital del imperio inca.
El imperio está dividido en cuatro barrios (suyus), de ahí el nombre que se le dio: Tahuantinsuyo (los «cuatro barrios»). Cuzco está en el centro de esta construcción, aunque no forma parte de ninguno de ellos.
Los incas veían en la organización geográfica de su ciudad la forma de un puma, su animal sagrado (recuadro inferior izquierdo del esquema de arriba).
La ciudad está a su vez dividida en dos barrios, Hanan (alto) Cuzco y Hurin (bajo) Cuzco.
La situación geográfica de Cuzco va a tener una gran importancia en la construcción del calendario. Está situada en un valle a casi 3.300 metros de altitud. Sus coordenadas son: latitud 13° 54' Sur y longitud 71° 56' Oeste. En el momento de la conquista española, la ciudad contaba con unos 100.000 habitantes.
Todas estas cifras tienen su importancia:
La altitud
A la altitud de Cuzco, el cielo es especialmente claro y se presta a las observaciones astronómicas, ya sea del Sol, de la Luna o de las estrellas. Los incas no dejaron de practicar esta actividad, aunque el entorno montañoso limitaba esas observaciones en duración. Quizá por gusto por el conocimiento astronómico, pero en cualquier caso, sin duda, para construir un calendario esencialmente agrícola que respondiera a sus preguntas cotidianas: cuándo sembrar, cuándo cosechar o cuándo esquilar las llamas.
Y, como en todo país de montaña, la noción de distancia cede el paso a una noción de verticalidad. Lo esencial no es saber cuántos kilómetros separan tal lugar de tal otro, sino cuántos metros habrá que subir o bajar para ir de aquí a allí. Esa noción de verticalidad aparece tanto en el calendario como en las clases sociales y en la visión del mundo con Hanan Pacha (el mundo de arriba), Kay Pacha (el mundo de aquí) y Hurin Pacha (el mundo de abajo). También aparece en el propio Cuzco, con sus dos barrios, Hanan Cuzco y Hurin Cuzco, ocupados por personas de clases sociales distintas.
La noción de tiempo y la de espacio están tan entremezcladas que el término «pacha» caracteriza a la vez el tiempo y el lugar.
Otra noción va a tener importancia: la de dualidad. Ya sea en la vida cotidiana o social (lo alto y lo bajo), en la concepción del mundo (el mundo de arriba y el de abajo) o en las estaciones (lo seco y lo húmedo), todo se opone o se complementa. Más adelante veremos que Aveni extrajo de ello una hipótesis calendárica.
La latitud
Hay dos cosas que señalar:
- el imperio inca en general, y Cuzco en particular, se encuentran en el hemisferio sur. Las estaciones están, por tanto, invertidas con respecto a las nuestras. El 21 de junio es para nosotros el solsticio de verano, y era para los incas el solsticio de invierno. Lo mismo ocurre con el solsticio de invierno y con los equinoccios. Cuando hablemos, por ejemplo, del solsticio de invierno, lo consideraremos como tal en Cuzco;
- Cuzco está situada entre el ecuador y el trópico de Capricornio. También ahí ocurre algo que no conocemos en Francia ni en ningún otro lugar de la Tierra que no se sitúe entre los dos trópicos: el hecho de que el Sol pase dos veces al año por el cenit (nunca en Francia), una en febrero y otra en octubre.
En Cuzco, movimiento aparente del Sol.
En Cuzco, altura del Sol al mediodía.
Análisis de las crónicas
Comprobaremos, a medida que leamos estas crónicas, que los incas utilizaban lugares de observación y puntos de referencia para trazar líneas ficticias entre ese lugar de observación y los puntos de salida y/o puesta del Sol en el horizonte.
No hay que confundir estas líneas con el sistema de ceques (líneas más o menos rectas que irradiaban en todas direcciones a partir del Coricancha, el templo del Sol de Cuzco) que estudiaremos en la parte de las hipótesis.
Todos los cronistas coinciden en decir que los incas observaban con enorme atención los movimientos del Sol y que marcaban algunas de sus salidas y puestas (solsticios y equinoccios) mediante pilares colocados en diversos lugares (muy a menudo en la cima de colinas que constituían su horizonte). En menor medida, observaban y marcaban también el paso del Sol por el cenit.
Donde los cronistas discrepan más es en la localización de esas «marcas», su número y la manera exacta en que se utilizaban.
Lo que sí es seguro es que estas observaciones y las referencias colocadas en el horizonte de Cuzco respondían menos a un gusto real por la astronomía que a una necesidad ligada, sobre todo, a la agricultura y, de forma secundaria, a la ganadería. Cuándo plantar el maíz, cuándo cosecharlo, cuándo plantar las papas, cuándo recogerlas, cuándo esquilar las llamas... esas eran las preguntas a las que debían responder las observaciones del Sol.
Entremos un poco en el detalle de los escritos de los distintos cronistas para hacernos una idea de lo que podía ser ese «calendario de observación», como lo llama Anthony Aveni. Y empecemos preguntándonos si realmente se puede hablar de calendario a propósito de un sistema cuyo objetivo no es contar exactamente los días del año, sino establecer una especie de ciclo de tareas agrícolas.
Descripción de la noción del tiempo entre los incas según Bernabé Cobo
El padre Bernabé Cobo, en su Historia del imperio inca, explica que los incas tenían en cuenta los movimientos del Sol para reconocer los años y los días, y los movimientos de la Luna para identificar los meses. Así estaría constituida la división inca del tiempo: día, mes, año. Señalemos de paso que habla del movimiento de la Luna y no del estado (fases) de nuestro satélite.
«Identificaban nuestro año solar observando los solsticios y comenzando el año por el solsticio de verano, que cae el día 23 de diciembre, y termina en el mismo punto en que comenzó».
El año inca era, por tanto, un año solar que comenzaba en el solsticio de verano (solsticio de invierno en el hemisferio norte) y terminaba en el solsticio de verano siguiente. Cabe preguntarse qué entiende Cobo por nuestro año. ¿Quiere eso decir que ese año inca era una consecuencia de la colonización?
Naturalmente, para comenzar el año en el solsticio, hay que saber cuándo tiene lugar. Cobo nos explica cómo procedían los incas: «En la cima de las colinas que rodean Cuzco, se colocaron dos señales o pilares en el lado Este y otros dos pilares idénticos fueron colocados en el lado Oeste de la ciudad en el punto en que el Sol sale y se pone cuando llegan los trópicos de Cáncer y de Capricornio» [léase solsticio de verano e invierno]; «y, en el momento en que el Sol sale y se pone exactamente alineado con los pilares del lado Sur, como las observaciones se hacían desde Cuzco, se consideraba que era el comienzo del año. [...] Era el momento en que el Sol alcanzaba el punto más meridional. A partir de ahí, volviendo a la línea del equinoccio, pasaba por el cenit, y cuando se alejaba hacia el punto más remoto del lado Norte, salía y se ponía alineándose con los otros dos pilares que marcaban el punto más lejano de ese lado; y, al regresar de ese punto al punto que había dejado, el trópico de Cáncer que marcaban los primeros pilares, el año había terminado».
Encontramos en esta descripción el esquema de la izquierda que aparece más arriba, con dos pilares para marcar, al Este, la salida del Sol en los solsticios de verano e invierno y otros dos, al Oeste, para marcar su puesta en los dos solsticios.
Antes de señalar los problemas que plantea esta descripción, sigamos un poco la lectura de Cobo para hacernos una idea más completa de la división del tiempo entre los incas.
El año recibía el nombre de huata en quechua y mara en aimara. Estaba dividido en doce meses o lunas, ya que la misma palabra servía para designar ambos: quilla en quechua y pacsi en aimara.
Sin más precisiones, Cobo escribe que también se erigían pilares allí donde el Sol salía cada mes. El conjunto de estos pilares, incluidos los que marcaban los solsticios, se llamaba Sucanta. Pucuy Sucanta eran los dos pilares que marcaban el comienzo del invierno y Chirao Sucanta los que marcaban el comienzo del verano. Los meses tenían el mismo número de días.
¿Cómo pueden 12 meses lunares constituir un año solar? Cobo apenas dice nada sobre ello. No explica en qué consistía exactamente ese mes, que no parece basarse en las fases de la Luna. Solo escribe que «los días restantes del año se integran en los propios meses».
Veamos ahora el nombre de esos meses tal como los recogen Cobo y Guaman Poma de Ayala.
Conviene señalar, de paso, que después de haber recensado los nombres que los distintos cronistas daban a los meses, R. T. Zuidema (gran especialista de la civilización inca) llega a la cifra de... 14. Esto se debería a que algunos cronistas daban varios nombres al mismo mes, mientras que otros podían dar el mismo nombre a una pareja de meses.
Y, para añadir más confusión aún, Zuidema observa que los incas conocían (según él) distintos tipos de mes:
- meses sinódicos de 29 o 30 días;
- meses solares de 30 días;
- meses siderales de 27 1/3 días;
- meses de 23, 24 o 26 días.
| N.º mes | Nombre del mes | Correspondencia aproximada | Descripción | |
|---|---|---|---|---|
| Cobo | Guaman Poma de Ayala | |||
| 1 | Raymi | Qhapaq Inti Raymi Killa | Diciembre | Mes de las fiestas del Sol Se plantan las patatas |
| 2 | Camay | Qhapaq Raymi Killa | Enero | Mes de la gran fiesta Maíz, tiempo de lluvia y de labranza |
| 3 | Hatun Pucuy | Pawqar Waray Killa | Febrero | Mes para ponerse el taparrabos Vigilancia nocturna del maíz |
| 4 | Pacha Pucuy | Pacha Puquy Killa | Marzo | Mes de la maduración de la tierra. Ahuyentar a los pájaros de los campos de maíz |
| 5 | Ariguaquiz | Inka Raymi Killa | Abril | Mes de la fiesta del Inca Maduración del maíz |
| 6 | Aucay Cuzqui Aymoray | Aymuray Killa | Mayo | Mes de la cosecha. |
| 7 | Aucay Cuzqui Aymoray | Hawkay Kuski Killa | Junio | Mes de descanso después de la cosecha. Momento de plantar las patatas |
| 8 | Chahua Huarquis | Chakra Qunakuy Killa | Julio | Mes del reparto de las tierras. Almacenamiento de maíz y patatas |
| 9 | Yapaquis | Yapuy Killa | Agosto | Mes de labranza. |
| 10 | Coya Raymi | Quya Raymi Killa | Septiembre | Mes de la fiesta de la Reina (*quya*). Se siembra el maíz |
| 11 | Homa Raymi Yapaquis | Uma Raymi Killa | Octubre | Mes de la fiesta de los orígenes. Protección de los campos del reino |
| 12 | Ayamarca | Aya Marqay Killa | Noviembre | Mes para llevar a los muertos. Riego del maíz. |
Y la representación ilustrada de esos meses por Guaman Poma de Ayala (haz clic en las miniaturas para ver la imagen ampliada):
Cobo explica que estos meses tenían por objeto regular los periodos de siembra y labranza, así como marcar las fechas de las ceremonias. Y añade: «para nada más». El cómputo de los años no existía y los incas no conocían su edad en años. No dividían el año en otras unidades que no fueran los días y los meses. Para indicar cuándo habían empezado un trabajo, señalaban con el dedo el lugar del cielo donde se encontraba el Sol en ese momento.
Contrariamente a lo que dice Cobo, parece que los incas conocían la «semana» de 8 días. Aparece, en efecto, en el ciclo de los mercados, en el periodo de servicio de los sacerdotes en el templo del Sol de Cuzco y en la costumbre real de cambiar a las mujeres a su servicio.
Problema de los pilares-marcadores descritos por Cobo
Es bien sabido que por dos puntos solo puede pasar una recta. Si uno de esos puntos es un pilar, ¿dónde está el otro para que la línea virtual así creada apunte al Sol naciente (o poniente) en el horizonte? Si nos atenemos a lo que dice Cobo, ese punto se situaría en Cuzco. Y, naturalmente, en el Coricancha, el templo del Sol, centro del sistema de ceques del que hablaremos más adelante. ¿Es correcto?
Anthony Aveni, que estudió la cuestión, responde así:
Cobo sitúa una pareja de pilares en la colina de Cinchincalla (tercera huaca del decimotercer ceque de Cuntisuyu). Escribe que, cuando el Sol los alcanza, es tiempo de plantar.
Al «apuntar» esos pilares desde el Coricancha, se constata efectivamente que el Sol está alineado en el solsticio de diciembre.
Conviene señalar que Cobo cometió con toda probabilidad un error al escribir que era tiempo de plantar, porque en realidad sería más bien tiempo de cosechar.
¿Y para el solsticio de junio? Ahí, por desgracia, las cosas se complican.
Según Cobo, los pilares marcadores se situarían en la colina de Quiangalla (novena huaca del sexto ceque de Chinchaysuyu).
Ahora bien, Aveni observa que Quingalla no es visible desde la ciudad, y por tanto tampoco desde el templo del Sol. ¿Queda entonces desmentida la teoría de las líneas de mira del Sol en los solsticios?
No: lo que es erróneo es el lugar de observación. Aveni demuestra que el lugar de observación para el solsticio de junio era en realidad otro templo del Sol situado en Chuquimarca y descrito como tal por Cobo.
Y Aveni añade que el lugar probable de observación del Sol en el solsticio de diciembre estaba más bien en Puquincancha, otro templo del Sol situado al sur de Cuzco, lo que demuestra que no hay que confundir el sistema de ceques con las líneas transversales ficticias nacidas de la observación del Sol en los solsticios. Aunque, en ocasiones, los pilares y/o los lugares de observación se sitúen sobre huacas pertenecientes a los ceques. No es fácil, ¿verdad?
Aveni ve en este doble sistema de observación —septentrional para la puesta del Sol en el solsticio de junio en Hanan Cuzco y meridional para la salida del Sol en el solsticio de diciembre en Hurin Cuzco— una consecuencia de la visión dualista del mundo de los incas, según la cual los habitantes de la parte septentrional del imperio y los de la parte meridional eran cada uno los «guardianes» de una parte del año.
A partir de los escritos de Cobo y de las observaciones de Aveni, puede trazarse un mapa de las líneas de observación del Sol en los momentos clave del año. Ese mapa contiene otros datos sobre los que volveremos.
Las líneas verde, amarilla y turquesa representan las líneas ficticias que apuntan al Sol en el horizonte en distintos periodos y pasan por uno o varios pilares a partir de un lugar de observación.
Pilares: ¿dónde? ¿cuántos? ¿cómo se usaban?
Sobre este asunto puede leerse casi de todo y su contrario. Eso no invalida, sin embargo, el sistema de observación en sí. Y como estos pilares fueron destruidos por los españoles, que consideraban los lugares donde estaban implantados como lugares de idolatría, a cada uno de nosotros solo nos queda formarnos una opinión propia, siempre que el principio descrito sea susceptible de funcionar.
Pedro Sarmiento de Gamboa (1532 - 1602), escritor, historiador, astrónomo y científico español, escribe en su Historia de los incas que «para conocer los momentos exactos para sembrar y cosechar, el Inca hizo levantar cuatro postes en una alta montaña al este de Cuzco, separados aproximadamente por 2 varas [1 vara = unos 91 cm], en cuya parte superior había agujeros por los que entraba el Sol a la manera de un astrolabio. Observando el punto en que el Sol toca el suelo al pasar por esos agujeros en el momento de la siembra y de la cosecha, hicieron señales en esos lugares. Otros postes fueron levantados en la parte correspondiente al oeste de Cuzco para la época de la cosecha del maíz. Una vez fijadas exactamente las posiciones gracias a estos postes, construyeron definitivamente columnas de piedra en su lugar, de la misma altura que los postes y con agujeros en los puntos adecuados. Se ordenó que todo alrededor el suelo fuera pavimentado. Y sobre las piedras se trazaron ciertas líneas conforme al Sol que penetraba por los agujeros. [...] Se designó a personas para observar estos cuadrantes y señalar al pueblo los tiempos que indicaban.»
En su traducción de la obra de Sarmiento de Gamboa, Clements Markham añade en nota, a propósito de los pilares, que «Acosta dice que había un pilar por mes. Garcilaso de la Vega nos cuenta que había 8 al este y 8 al oeste de Cuzco en dos filas, cuatro por cuatro, con dos pequeños entre dos grandes, separados por 20 pies [unos 610 cm]. Cieza de León dice que estaban situados en el barrio de Carmenca. Para asegurarse del momento de los equinoccios había una columna de piedra en una plaza delante del templo del Sol, en el centro de un gran círculo. Era la Inti-huatana (círculo del Sol). Se trazaba una línea de este a oeste y se observaba cuándo la sombra del pilar estaba sobre la línea desde la salida hasta la puesta del Sol y cuándo no había sombra al mediodía. Había otra Inti-huatana en Pisac y otra en Hatun-colla [a orillas del lago Umayo, cerca de la ribera oeste del Titicaca].»
No sé qué pensarás tú, pero por mi parte renuncio a responder a las preguntas del dónde, del cuántos y del cómo. Lo esencial, al fin y al cabo, es haber constatado que los incas utilizaban un calendario solar de orientación (algo así como una tabla de orientación) con vocación agrícola, y quizá religiosa, regulado por los solsticios y los equinoccios.
¿De cuándo data este año solar con meses pseudo-lunares?
El único que parece darnos una breve explicación es el padre Sarmiento de Gamboa, que escribe en su Historia de los incas que «ordenó que el año se dividiera en doce meses». El «él» en cuestión sería Pachacuti Inca Yupanqui, de donde puede deducirse que esta «invención» data de finales del siglo XIII.
Las hipótesis
Hemos visto que algunos lugares formaban parte del sistema constitutivo del calendario de orientación, ya fuera porque hacían las veces de lugares de observación, o bien porque eran los lugares «apuntados» desde esos puntos de observación.
La mayor parte de estos lugares eran huacas pertenecientes al sistema de ceques.
Además de esa función de calendario de observación que podían desempeñar las huacas, Aveni y Zuidema piensan que el conjunto de ceques/huacas funcionaba como un calendario en el sentido actual del término, es decir, como un sistema de cómputo de los días del año. Zuidema habla de un «rosario». Se irían desgranando sus cuentas, que serían las huacas, para contar los días.
El sistema de ceques
Desde Cuzco irradiaba un sistema de 41 direcciones, los ceques, hacia distintos puntos del horizonte. A lo largo de cada uno de esos ceques se distribuían lugares sagrados, las huacas, que podían ser simples piedras, manantiales, árboles u otros objetos. Según B. S. Bauer, podían agruparse en distintas categorías.
| Naturaleza | Número de huacas | Porcentaje |
|---|---|---|
| Manantiales o puntos de agua | 96 | 29% |
| Piedras erguidas | 95 | 29% |
| Colinas y pasos | 32 | 10% |
| Palacios y templos | 28 | 9% |
| Campos y lugares despejados | 28 | 9% |
| Tumbas | 10 | 3% |
| Barrancos | 7 | 2% |
| Otros: piedras, marcadores solares, cuevas, árboles, caminos y senderos | 16 | 5% |
| Sin categoría | 16 | 5% |
| TOTAL | 328 | |
No hay que imaginar en absoluto que estas huacas estuvieran dispuestas regularmente a lo largo de los ceques, que estos fueran caminos rectilíneos trazados en torno a Cuzco o que cada ceque contara con el mismo número de huacas.
En realidad, el sistema de ceques/huacas se asemejaba a un inmenso quipu con sus nudos (las huacas) en número variable sobre cordeles de formas tortuosas.
El sistema de ceques irradiando alrededor de Cuzco a partir del templo del Sol. Puede relacionarse esta imagen con la del quipu que aparece más arriba.
Debemos una descripción precisa de las huacas y de los ceques a Bernabé Cobo, que los codifica del modo siguiente: dos primeras letras del suyu, número de ceque, número de huaca. Sabemos que los cuatro suyus (barrios constitutivos del imperio) son Chinchaysuyu, Antisuyu, Collasuyu y Cuntisuyu. Así, por ejemplo, CU-2:2 será la segunda huaca del segundo ceque de Cuntisuyu. Cada huaca lleva su propio nombre, y lo mismo ocurre con cada ceque.
A partir de la descripción de Cobo, y para establecer su hipótesis de calendario, Zuidema codifica las huacas de otro modo: suyu (I, II, III, IV; el suyu IV subdividido a su vez en dos sub-suyus IV A y IV B), grupo de tres ceques (1, 2, 3) y ceque individual (a, b, c). No da el número de huaca. Así, por ejemplo, el CU-2:2 de Cobo que acabamos de ver sería codificado por Zuidema como IV B 2 c, pero un CU-2:3, por ejemplo, tendría la misma referencia.
No vamos a detallar aquí, para no romper el hilo del examen del calendario, todos los ceques y huacas. Para quien tenga interés por los nombres y las correspondencias de referencia Cobo / Zuidema, está aquí.
También vamos a dejar de lado las hipótesis de Zuidema, sobre las que volveremos algún día en un estudio dedicado exclusivamente a él. En efecto, estas hipótesis son bastante complejas y merecen una página propia.
Y vamos a examinar la hipótesis de Aveni, que reconoce los límites de nuestro conocimiento del sistema calendárico de ceques. En efecto, nuestro objetivo es menos entender cómo ese sistema puede constituir un calendario que saber en qué orden se visitaba cada día cada huaca.
Cobo, por su parte, se limitó a describir las huacas sin plantear ni una sola vez la idea de que este sistema pudiera constituir un calendario.
El calendario de ceques / huacas según Aveni
Estamos, pues, ante 41 ceques y 328 huacas. ¿Qué hacemos con ellos? Seguimos estando bastante lejos de los 365 días de un año solar.
Salvo que 328 = 41 X 8 = 27 1/3 X 12
¿Y eso qué significa?
- 41 es el número de ceques y 8 el número de días de una semana inca.
- 12 es el número de meses del año y 27 1/3 es la duración de un mes lunar sideral.
¿Y los 37 días que faltan?
Corresponderían, según Aveni, a un periodo de inactividad de los incas. Coincide también, grosso modo, con la duración entre la puesta helíaca de las Pléyades (3 de mayo en la época anterior a la conquista española) y su salida helíaca (9 de junio en esa misma época). A partir de la salida helíaca de las Pléyades, el tiempo de su presencia en el cielo nocturno aumenta como la duración del día. El clima se vuelve cada vez más cálido. Luego el tiempo de presencia de las Pléyades disminuye como la duración de los días y el clima se vuelve cada vez más frío. El tiempo de ausencia de las Pléyades en el cielo correspondería, por tanto, a un periodo natural de inactividad. Ya hablamos de estos «días olvidados» al evocar el calendario inuit.
A modo de conclusión
Todavía nos queda mucho por descubrir sobre la noción del tiempo entre los incas. La falta de textos no ayuda.
Es cierto que el sistema de ceques-calendario puede parecer un poco rebuscado. Pero no hay que considerarlo como una entidad independiente. Forma parte de una concepción total y compleja del mundo por parte de los incas. Como escribe Aveni, «trataron de cobijar todas las actividades del universo bajo un paraguas ideológico hecho de espacio y de tiempo. El sistema de ceques no es ni una imagen ni una representación: ES el propio Tahuantinsuyu [el imperio de los cuatro barrios].»