Los calendarios mesopotámicos, asirio, babilonio y caldeo, que vamos a examinar aquí, ejercieron sin duda una fuerte influencia sobre los calendarios egipcio, hebreo, islámico y griego.
Un poco de historia
Mesopotamia, situada aproximadamente donde hoy se encuentran Irak y una parte de Siria, estaba atravesada por el Tigris, 885 km, y el Éufrates, 1.300 km. Esta región de valles y llanuras estaba delimitada al norte por los montes de Armenia, al este por la cordillera del Zagros y al oeste por el desierto de Arabia y la estepa siria.
Los antiguos mesopotámicos no disfrutaban de un clima lluvioso, pero el uso de canales de irrigación les permitió aprovechar un suelo fértil. Fueron precisamente esas necesidades de riego y de autodefensa las que los llevaron muy pronto a construir canales y asentamientos protegidos.
En el IV milenio a. C., los sumerios, al sur, fundan centros importantes como Uruk, Nippur y Ur.
Y es en ese periodo cuando aparece la escritura cuneiforme sobre tablillas de arcilla. Esta escritura prosperará durante mucho tiempo, hasta la absorción de Asiria y Babilonia por el Imperio persa.
A comienzos del III milenio a. C., la escritura cuneiforme se difunde por toda la Baja Mesopotamia.
Hacia 2400 a. C., la región es conquistada por los acadios, procedentes de la Mesopotamia central, y su rey Sargón I funda el primer imperio mesopotámico.
La ciudad de Acad es destruida hacia 2160 a. C. y los guti, una tribu llegada de las montañas orientales, se instalan en Mesopotamia. Tras un periodo de transición no muy bien conocido, Ur-Nammu funda la III dinastía de Ur, que dura de 2111 a 2003 a. C.
Bajo su reinado, la lengua administrativa es el sumerio o el acadio, y aparecen las recopilaciones más antiguas llamadas «códigos».
Ur cae hacia 2003 a. C. bajo los golpes de invasores procedentes del reino de Elam. El país se fragmenta y varios reinos se reparten la región.
A partir de 1900 a. C. nace un nuevo imperio, marcado por el reinado de Hammurabi (-1792, -1750), autor de una notable labor centralizadora. El cómputo del tiempo, antes dejado a la iniciativa de las ciudades, pasa a regirse por un calendario oficial. Babilonia se convierte en el centro cultural, religioso, artístico y comercial de la región. A Hammurabi se debe también el «Código» que reúne los textos legales.
Después de Hammurabi, el imperio babilónico empieza a desmoronarse y los hititas invaden Babilonia hacia 1594, pero la ciudad acaba en manos de los casitas, que dominan entonces Mesopotamia. Babilonia conoce así un nuevo periodo de prosperidad, que durará unos cuatro siglos.
Hacia 1350, el reino de Asiria, con Assuruballit I, se afirma y debe luchar contra Babilonia por la hegemonía de la región.
Estas ambiciones expansionistas se ven frenadas durante un tiempo por las tribus arameas procedentes de Siria y por las tribus caldeas, que invaden Babilonia.
El imperio asirio anexiona Babilonia en 728 a. C. y Sargón II domina entonces un inmenso imperio que se extiende por todo Oriente Próximo.
Ese poder asirio se apaga hacia 612 a. C., cuando los medos se apoderan de las regiones montañosas y dejan Mesopotamia a los caldeos de Nabucodonosor II, que reinará hasta 539.
Y es en 539 a. C. cuando Ciro el Grande conquista Babilonia. Cambises, hijo de Ciro, amplía el Imperio persa y Darío funda la dinastía aqueménida, que gobierna el vastísimo imperio persa.
Este imperio es destruido en 331 a. C. por Alejandro Magno, que toma Babilonia. Él deja Mesopotamia al general Seleuco, fundador de la dinastía seléucida en 312 a. C. Más tarde, la región pasará a dominio romano, parto, sasánida y árabe.
El o los calendarios
Esta tablilla habla del mes de Nisannu y contiene presagios ligados a los movimientos de los astros.
Confirma, si es que hacía falta, que en Babilonia astronomía y astrología estaban estrechamente entrelazadas.
Advertencia: dudé mucho antes de poner título a esta página. Según las épocas y las influencias, existieron calendarios distintos. Tanto más cuanto que, como hemos visto en la parte histórica, en ciertos momentos cada ciudad tenía derecho a crear su propio calendario.
Habría podido escribir, por tanto, calendario asirio, calendario caldeo, calendario sumerio, calendario babilonio... He preferido el término más general de calendario mesopotámico, que a mi juicio engloba a la vez épocas y lugares.
Intentaremos, pues, identificar EL calendario mesopotámico, sabiendo muy bien que bajo esa expresión se esconden varios tipos de calendario. Intentaré, en la medida de lo posible, señalar sus particularidades: cuatro mil años no son precisamente anteayer.
En Mesopotamia, astronomía y astrología estaban estrechamente ligadas, porque la recogida de información estaba motivada ante todo por la predicción del destino de personas diversas, pero más a menudo del rey.
Los más hábiles en estos campos fueron sin duda los caldeos, que llegaron a ser maestros en la predicción de eclipses.
Fue bajo el reinado de Nabonasar, 747-734 a. C., cuando aparecieron las primeras «efemérides astronómicas» registradas de manera regular. Estas observaciones, favorecidas por un clima especialmente propicio, iban más allá del estudio de la Luna y del Sol. Abarcaban también los planetas y las estrellas.
Antes de entrar en el estudio propiamente dicho de los calendarios, debemos detenernos en la numeración caldeo-asiria, que tuvo una incidencia notable sobre estos calendarios.
La numeración sexagesimal
Según Georges Ifrah, en Historia universal de los números, "los sumerios habían escogido la base 60, agrupando así los seres y las cosas por sesentenas y potencias de sesenta".
Esta base 60, que los sumerios fueron los únicos en inventar de manera autónoma en el mundo, convivía entre los caldeo-asirios con una numeración decimal de origen acadio.
El sistema sexagesimal procedía de dos culturas anteriores a los sumerios, que utilizaban respectivamente un sistema quinario, base 5, y uno duodecimal, base 12.
Los caldeos dividieron así la hora en sesenta minutos y el minuto en sesenta segundos.
Dividieron también el día en 12 horas «dobles» llamadas kaspu, pero también en «sesentavos».
Las bases 60 y 12 siguen usándose hoy ampliamente, en la división del círculo, de la hora o en las esferas de los relojes. Y gracias a los caldeos seguimos comprando huevos, caracoles u ostras por docenas.
Los caldeos, por último, trazaron una carta del zodiaco dividida en... doce signos.
El año y los meses
El calendario asirio, no muy bien conocido, parece haber usado siempre un año de 12 meses de 30 días, es decir, 360 días, con meses intercalares para compensar el desfase respecto del año solar. El sistema de intercalación es todavía menos conocido. El calendario asirio más antiguo se remonta al siglo XIX a. C. Desaparece hacia 1100 a. C. en beneficio del calendario lunisolar de Babilonia.
Ya en 2700 a. C. los sumerios utilizaban la misma división en 12 meses de 30 días.
Solo a partir del siglo XXI a. C. puede hablarse realmente de la existencia de un calendario lunisolar, en el que los meses eran lunares y los años solares.
He aquí la lista de los nombres de los meses en los distintos «estados»:
| Babilonia | Sumer | Asiria |
|---|---|---|
| Nisanu | Bar-zag-ga | Mana |
| Ayaru | Gu-si-sa | Aiarum |
| Simanu | Sig-ga | Makranum |
| Duzu | Shu-nummun | Dumuzi |
| Abu | Ne-ne-gar | Abum |
| Ululu | Kin-Ninni | Tirum |
| Tashritu | Du | Niqmum |
| Arahsamnu | Apin-du-a | Kinunum |
| Kislimu | Gan-gan | Thamkhirum |
| Tebetu | Ziz | Nabrum |
| Shabatu | Ab-ba-e | Mamitum |
| Addaru | She-gur-ku | Adarum |
El comienzo del mes, y por tanto la duración del mes anterior, 29 o 30 días, era empírico y estaba estrechamente ligado a la Luna.
Un nuevo mes comenzaba cuando se observaba la fina hoz de la luna nueva. Ya desde el vigésimo noveno día del mes se escrutaba el cielo al ponerse el Sol. Si la hoz era visible, empezaba un nuevo mes. En caso contrario, la observación se reanudaba al día siguiente. Si el cielo permanecía cubierto ambos días, el Gran Sacerdote proclamaba el nuevo mes el trigésimo día del mes viejo.
Ese año lunar, de unos 354 días, debía además adaptarse al año solar, y agrícola, de 365 días. Para ello, se añadía de vez en cuando un mes intercalar al año lunar.
También esta adición era muy empírica: cuando la salida helíaca de dos o tres estrellas observadas caía en un mes distinto del que estaba en curso, había llegado el momento de añadir un mes intercalar al calendario del año. Corresponde al rey proclamar esa intercalación, como atestigua el edicto del rey Hammurabi, siglo XVIII a. C.: "Hammurabi, a su ministro Sin-Idinnam, le dice esto: el año está desajustado. Haz registrar el próximo mes con el nombre de Ululu II, segundo mes Ululu..."
La intercalación se colocaba de manera bastante irregular y cada ciudad procedía a su aire. A veces se lee que solo a partir del reinado de Nabonasar, 746 a. C., se habría regularizado y que los babilonios habrían adoptado un ciclo de 19 años, en el que 235 lunaciones corresponden a 19 años solares.
Mirando más de cerca, sobre todo en la tabla que aparece en nuestro estudio sobre el ciclo de Metón, se ve que fue bajo Cambises cuando los babilonios empezaron a buscar un ciclo estable, y que solo bajo Artajerjes II el ciclo de 19 años quedó estandarizado.
Al adoptar este ciclo, pudieron añadir con precisión los meses intercalares. Se insertaban en los años 1, 3, 6, 9, 11, 14 y 17 del ciclo. Ululu II se añadía al comienzo del ciclo y Addaru II en todos los demás años.
Conviene señalar que este ciclo de 19 años, usado por los babilonios, acabó recibiendo el nombre de ciclo de Metón.
El comienzo del año
Antes del II milenio, algunas ciudades habían optado por hacer comenzar el año en el equinoccio de otoño.
En el II milenio, el comienzo del año se fijó en la salida helíaca de la estrella Hounga, alfa de Aries, es decir, en el equinoccio de primavera. El Año Nuevo babilónico fue, por tanto, el primer Nisanu.
Las subdivisiones del mes
- Ya hemos visto que los babilonios dividían el día en doce kaspu. Estas horas dobles se subdividían a su vez en 30 gesh. La jornada comenzaba con la puesta del Sol.
- A los caldeo-asirios se les atribuye también la semana de siete días. Su origen derivaría de las cuatro fases de siete días de la Luna. Cada día de la semana fue designado con el nombre de una divinidad «planetaria» asociada: primero los dos astros más importantes a ojos de los caldeo-asirios, el Sol, domingo, y la Luna, lunes. Luego los planetas Marte, martes, Mercurio, miércoles, Júpiter, jueves, Venus, viernes, y Saturno, sábado.
En un primer momento, la primera semana comenzaba el primer día del mes. Había, por tanto, cuatro semanas: del 1 al 7, del 8 al 14, del 15 al 21 y del 22 al 28. Quedaban así uno o dos días al final del mes, fuera de toda semana. Más adelante, la distribución pasó a ser continua.
Descubrimiento del Saros
A los caldeos se les atribuye también el descubrimiento del Saros. El Saros es un periodo de 6585,32 días que corresponde al retorno de los eclipses de Luna y de Sol y comprende 223 lunaciones.
Este descubrimiento no sorprende, si se tiene en cuenta, como ya hemos visto, cuánto interesaban los eclipses a los caldeos.