En una página dedicada a los almanaques, vimos que los almanaques reales, en forma de estampas, eran auténticos testigos de su época de edición, cuando no instrumentos de propaganda.
Vamos a ver si ocurrió lo mismo (y si sigue ocurriendo) con lo que llamaremos, de forma genérica, el «calendario del cartero»: ese cartón impreso a doble cara, o formato similar, con o sin algunas hojas informativas, que cada año nos entrega el cartero (cuando llama, claro).
Pero antes de entrar en materia, este repaso histórico nos permitirá seguir las etapas que han llevado al almanaque del cartero tal como lo conocemos hoy.
Esta larga evolución es inseparable de la historia del propio cartero. Me habría gustado recomendarle un sitio que contara su historia a lo largo de los siglos, pero no he encontrado ninguno que lo haga con precisión.
Un apunte histórico
Resumamos las grandes etapas del nacimiento del almanaque del cartero en forma de tabla.
| Fecha | Hechos y observaciones | |
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| Siglo XIII | Los mensajeros de la universidad se encargan del transporte y reparto de cartas para estudiantes y sus familias. Más adelante se les autoriza también a servir a particulares. | |
| 1576 | El rey Enrique III instituye las mensajerías reales, que compiten con las mensajerías universitarias. | |
| 1595 | Se crea el cargo de superintendente general de correos, hito que marca el nacimiento del correo de cartas. El transporte de correspondencia, hasta entonces privilegio real, se abre al público. El correo solo se transporta de ciudad a ciudad. |
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| 1638 | Un documento de la *Cour des Aides* (tribunal soberano competente en última instancia en litigios sobre contribuciones e impuestos) menciona la figura del «cartero-repartidor». | |
| 5 de marzo de 1758 | Piarron de Chamousset crea un servicio de Pequeño Correo para recoger y repartir cartas dentro de París, con tres repartos diarios. | |
| 1759 - 1850 | En los años siguientes, surgen en provincias otros servicios de Pequeño Correo: Burdeos (1733); Nantes (1777); Lyon (1777); Ruan (1778); Lille y Marsella (1781). Hasta 1855, los carteros entregan, a cambio de la propina de Año Nuevo, calendarios en forma de folletos (como el almanaque del pequeño correo de Lille o el almanaque del correo de París) o pequeños calendarios murales. Esos calendarios reciben nombres muy diversos: *Étrennes du facteur*, *Almanach de la Poste de XXX*, *Almanach de cabinet*, calendario, calendario de escritorio y, por primera vez en 1810, *Almanach des postes* (imagen inferior). |
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| 1830 | Se pone en marcha el servicio rural (leyes del 3 y 10 de junio de 1829). El cartero empieza a cubrir el campo con un reparto cada dos días. La ronda pasará a ser diaria en 1832. | |
| 15/12/1849 | En una circular, el director general de Correos, Edouard J. Thayer, prohíbe a los carteros repartir impresos ajenos al servicio postal, con la excepción de “la distribución de calendarios en su beneficio y por su cuenta, conforme a un uso establecido desde antiguo”. | |
| Inicio de 1850 | Los carteros de Rennes imprimen hojas de 21 x 27 (formato actual) que pegan sobre cartón. Estos calendarios muestran seis meses por cada cara e incluyen signos del zodiaco e información sobre el servicio postal. | |
| 1854 | François-Charles Oberthur, impresor en Rennes, propone sus servicios a los carteros de la ciudad y mejora el calendario de 1850. Añade dibujos en el anverso, donde figuran los 12 meses del año. El reverso se reserva para información postal. Las hojas se pegan sobre cartón con un borde de papel de color. | |
| 01/09/1855 | Mediante circular, el director general de Correos, Stourm, ordena a los carteros distribuir los almanaques suministrados por la administración de Correos o por los jefes departamentales. La administración toma así el monopolio en París y, en provincias, impone a inspectores o directores departamentales el control del contenido del calendario. Oficialmente bautizado como *almanach des postes*, el calendario debe contener nombres de santos e información general y local del servicio postal. |
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| 28/08/1857 | La administración de Correos asume el monopolio total del suministro de almanaques y confía su fabricación, por 12 años a partir de 1859, a la imprenta Mary-Dupuis (Noyon). | |
| 1859 | Como Mary-Dupuis no puede asumir por sí sola la fabricación de todos los calendarios, Oberthur obtiene la concesión para 32 departamentos. | |
| 1860 | Mary-Dupuis no puede cumplir sus compromisos y el privilegio de fabricación se transfiere a Oberthur, que compra el monopolio. | |
| 28/10/1867 14/12/1867 |
Dos decisiones ministeriales ponen fin al monopolio del suministro de almanaques y entran en vigor en 1870. | |
| 01/1870 | El director general de Correos, E. Vandal, precisa que “todo editor del Imperio podía emprender su publicación, por su cuenta y riesgo, para uno o varios departamentos, ajustándose a las disposiciones reglamentarias”. Estas disposiciones de contenido siguen siendo las mismas: calendarios, menciones astronómicas, ferias y mercados, información general del servicio postal. La prueba de imprenta del almanaque se sometía al director departamental, que autorizaba su publicación, y esa autorización se indicaba en el propio almanaque, como puede verse en la imagen contigua. |
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| 1880 | El *Almanach des postes* pasa a llamarse *Almanach des Postes et des Télégraphes*. | |
| De 1880 hasta hoy | Los editores coexisten o se suceden con mayor o menor fortuna. - Entre 1884 y 1913: Pithiviers, Villain, Typlite, Vanito. - 1915: el orfanato de PTT arrebata a Oberthur el 37% del mercado. - 1928: aparición de la sociedad Oller (todavía editora hoy). - 1950: Nisse. - 1952: Pétillot. |
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| 1989 | El *Almanach des Postes et Télégraphes* pasa a llamarse *Almanach du Facteur*. Y sigue llamándose así en 2004. |
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¿El «calendario del cartero», testigo de su tiempo?
Nos centraremos en las imágenes, ya que el contenido en sí tiene poco interés como testimonio.
Como veremos en varios almanaques, la respuesta es SÍ. Al menos hasta aproximadamente los años 1950.
El calendario de Correos ocupaba un lugar privilegiado en las casas. A menudo colgado en la pared, aportaba información cotidiana útil: santo del día, referencia del día dentro del año, fases de la Luna, etc. Se aprovechaba así ese lugar central en la vida diaria para difundir, con suavidad o de forma más directa (entonces hablamos de propaganda), retazos de vida cotidiana, testimonios sobre hechos del año anterior o incluso temas políticos. Como señala muy bien Frédéric Maguet en Les Temps de la vie, “[tiene] influencia sobre la duración y sobre la sucesión de acontecimientos, esos momentos destacados de la historia de los hombres”.
Observemos esta difusión «homeopática» o esta propaganda más frontal en algunos ejemplos.
Anotemos también que la propaganda, menos sutil, puede aceptarse o rechazarse conscientemente. La variedad de temas permitía, cada año, elegir sabiendo lo que uno se llevaba.
Almanach des Postes 1810 - propaganda sin estridencias
Lejos de las imágenes fastuosas de los almanaques reales. Solo un medallón en la parte superior: retrato de Napoleón I en el anverso y de la emperatriz en el reverso.
Almanach des Postes et des Télégraphes 1884 - hecho social: cambiar de aires
La imagen lleva por título Llegada de un tren de placer de París a El Havre.
“En toda su vida solo se había tomado tres permisos, de ocho días cada uno, para mudarse. Pero a veces, en las grandes fiestas, salía en un tren de placer con destino a Dieppe o El Havre, para elevar su alma ante el espectáculo imponente del mar.” Guy de Maupassant, Los domingos de un burgués de París.
La inauguración del primer ferrocarril parisino fue el 25 de agosto de 1837 y, apenas unas décadas después, podía leerse: “Los muros de París se cubren de tentaciones en papel azul, amarillo, verde, violeta. ¡Tren de placer para Estrasburgo! ¡Tren de placer para Nancy! ¡Tren de placer para El Havre y Trouville! ¡Viaje a Bélgica, a Holanda y a orillas del Rin! ¡Excursiones a Suiza! No se puede dar un paso sin que una compañía ferroviaria nos intime a salir de París; y ahora también entran en juego las líneas españolas. Un periódico anunciaba el otro día que, el día 8 de este mes, el primer tren de placer entre Francia y España había cruzado los Pirineos.” (L’Illustration, 21 de mayo de 1864, Courrier de Paris, p. 323).
Ni el tren ni la estación aparecen en la imagen. Bastan un marinero, un faro y un barco en el océano para evocar el destino.
En cuanto al «placer», hay dudas: los viajeros tienen gesto adusto, parecen empapados y luchan contra el viento. ¿Hay relación entre esa llegada poco amable y el hecho de que, en esa época, los trenes de placer empezaran a abandonar el Canal por destinos mediterráneos más templados?
Deporte y moda
Estos dos Almanachs des Postes et des Télégraphes se titulan Le Lawn Tennis.
A partir de 1890-1900, el lawn tennis (juego de pelota sobre césped), nacido en Inglaterra, se difunde por todo el mundo. Poco a poco el término «lawn tennis» se abandona en favor de «tenis», por la diversidad de superficies.
También se ve en ambas imágenes que el lugar importa poco.
Llama la atención la similitud compositiva entre ambas escenas, con solo un año de diferencia. Parece que la pequeña familia de 1897 crece de golpe en 1898. Y de paso se aprecian las vestimentas de la época y el cambio de colores de moda de un año a otro.
Guerras limpias y sin violencia
1914-1918
No hay imágenes de hechos de guerra en los calendarios de 1914-1919. Solo tropas desplazándose con buen orden y uniforme impecable.
O, como en el almanaque de 1919, homenajes a los 74 000 escoceses muertos en los campos de batalla de Francia. Al fondo se distinguen soldados hindúes bajo mando inglés.
Y cuando no se quiere tener delante, cada día, imágenes de guerra (aunque no muestren violencia), siempre se puede pedir al cartero un almanaque con escenas más corrientes, como este de 1914 titulado Un paso de camino.
Aunque cabe preguntarse si no admite una doble lectura. ¿Ese niño asustado y esa jauría que pasa al galope, con una figura de uniforme militar en segunda posición, evocan solo un cruce de camino… o también un cruce de frontera?
1939-1945
En los calendarios de la Segunda Guerra Mundial ya no aparecen escenas bélicas, sino personajes, a menudo fotografiados de cuerpo entero o en retrato. La propaganda alcanza su cumbre.
Naturalmente, esos personajes son Pétain durante la guerra y De Gaulle el último año y después.
Calendario de 1943. A primera vista no parece un Almanach des Postes, pero era imposible no verlo. Reúne todos los atributos de propaganda: la francisca con los colores de Francia y un Pétain marcial, uniformado.
Almanach des Postes et des Télégraphes de 1941, con la leyenda El mariscal Pétain visita una granja del Macizo Central. Pétain, de civil, se presenta como padre de la patria, atento a todas las capas de la población.
En 1945, por supuesto, cambia el personaje: en este Almanach des Postes de 1946, titulado Formación militar en Estrasburgo, aparece un militar que podría ser el general Leclerc presidiendo la ceremonia. Se distinguen banderas ondeando en los monumentos, símbolo inequívoco de la liberación de la ciudad.
Y, como en la Primera Guerra Mundial, si uno no quiere pensar en la guerra cada vez que mira el calendario, también había imágenes más neutras.
También aquí, como en 1914-1918, cabe una lectura doble: ¿el lobo de Caperucita Roja de este almanaque de 1945 simboliza cierto ejército de ocupación? No olvidemos que las imágenes del calendario de un año solo pueden representar hechos del año anterior.
El almanaque de Correos tras la Segunda Guerra Mundial
Poco a poco, después de 1945, se aprecia un empobrecimiento total del contenido visual. Curiosamente coincide con la llegada de la fotografía en lugar del dibujo.
Hoy es prácticamente imposible encontrar almanaques del cartero que no muestren gatitos, cachorros u otros animales y paisajes de poco interés. La actualidad de los calendarios quedó absorbida por los medios. ¿Seguiría habiendo demanda para representaciones con un año de desfase? Quizá. Pero el cartero no nos pregunta. Y el editor, probablemente, tampoco le pregunta a él.
Sería interesante consultar el catálogo de imágenes que Oberthur u Oller ponen a disposición de los carteros, pero si uno entra en sus sitios descubre que hay acceso restringido. Una lástima.
Para el año 2005 me tocó un perro en una cesta en el anverso y dos cachorros de labrador en el reverso. Como testimonio de época, hay opciones mejores.