A modo de introducción
Vamos a pasar la mayor parte de este estudio en la Edad Media, e incluso un poco antes.
En una primera parte veremos cómo nació nuestra era actual, si hubo un hecho preciso que motivó ese nacimiento, por qué tal día y no otro, y de paso conoceremos a personajes que merecen atención.
En una segunda parte comprobaremos que algo que hoy nos parece natural, es decir, que el año empiece el 1 de enero, no lo es tanto como podría creerse, y que los cronologistas tienen buenas razones para tirarse de los pelos cuando intentan saber quién o qué precedió a quién o a qué.
Quiero precisar que no sirve de nada buscar en esta página tomas de posición ni motivos para reabrir polémicas que siguen latentes. Nos limitaremos a exponer los hechos.
Nacimiento de la era cristiana
Estamos en 525. Juan I, por medio de los jefes de la cancillería Bonifacio y Bonus, pide a un tal Dionysius Exiguus que revise el cómputo pascual y fije las fechas de Pascua para los años siguientes.
Es Juan I, papa entre 523 y 526, quien va a pedir a Dionysius Exiguus (Dionisio el Exiguo) que actualice el cómputo pascual.
Algunos dirán que no ocurrió en 525, sino en 523. Bueno, si empezamos a discutir por dos años sobre algo sucedido hace casi 2000, no avanzamos mucho. Digamos que Dionysius Exiguus entregó su trabajo en 525 y dejémoslo así.
Pero antes de seguir, toca dedicar unos minutos a aclarar qué era ese famoso cómputo pascual y quién fue este ilustre Dionysius Exiguus.
El cómputo pascual
Mejor asumirlo desde ahora: las fuentes difieren a veces y la cuestión es bastante compleja. Como la determinación de la fecha de Pascua no es el objeto principal de este estudio, intentaremos ser breves y, al mismo tiempo, lo más precisos posible.
Hay que retroceder todavía algunos siglos sin olvidar algo importante: en esa época el cristianismo tenía tres «capitales» principales: Antioquía, Alejandría y Roma. Decimos cristianos y cristianismo para simplificar, pero en los primeros siglos se trataba simplemente de comunidades de fieles a Jesús.
- En los siglos II y III, los cristianos celebran al principio la Pascua (resurrección de Cristo) al mismo tiempo que la Pascua judía, es decir, el 14 de nisán. Después, la joven Iglesia cristiana decide diferenciarse de los judíos y no dejarles a ellos la determinación de la fecha de su propia fiesta. No olvidemos, en efecto, que el calendario judío es un calendario lunar basado en la observación de la Luna nueva.
Y se diferenciaron tanto que las comunidades, dentro de la propia cristiandad, también se diferenciaron entre sí y cada una celebraba Pascua a su manera. Sin contar con los cuartodecimanos (del latín quartodecimus: decimocuarto), que siguieron fieles a la fecha de la Pascua judía.
- ¿Fue en 325 cuando los 318 Padres de la Iglesia, reunidos en el primer concilio ecuménico de Nicea (hoy Iznik, en Turquía), por iniciativa del emperador Constantino, fijaron las reglas para determinar la fecha de Pascua? Las opiniones divergen, pero, en cualquier caso, aunque fijaran la regla, no establecieron con precisión su modo de aplicación.
Con Nicea o sin Nicea, la regla existió. Puede formularse de varias maneras; la vamos a desglosar para marcar bien sus componentes:
- El equinoccio de primavera cae en el 12 de las Calendas de abril, es decir, el 21 de marzo del calendario juliano. Conviene decir que algunos lo fijaban en el 8 de las Calendas de abril, o sea, el 25 de marzo.
- Pascua se celebra el domingo comprendido entre el día 14 y el 21 de la luna nueva del 21 de marzo.
En el Concilio de Nicea, y esto sí es seguro, todos juran que los cristianos de Oriente, que celebraban Pascua junto con los judíos, renunciarán a esa práctica y celebrarán el día determinado por las Iglesias de Roma y Alejandría reunidas. Lo dejaron escrito en una carta sinodal a los cristianos de Alejandría: "Os anunciamos la buena noticia del acuerdo alcanzado sobre la santa Pascua, porque gracias a vuestras oraciones también esta cuestión ha quedado resuelta: todos los hermanos de Oriente, que antes celebraban con los judíos, serán fieles en adelante a celebrar la Pascua de acuerdo con los romanos, con vosotros y con todos nosotros que lo hacíamos desde el principio con vosotros". Traducción de Rodolphe Audette.
Constantino, por su parte, envía una carta circular a todos los obispos cristianos. Y, con la cuestión supuestamente cerrada, se pasa a otra cosa.
Porque el Concilio de Nicea tenía asuntos más importantes que tratar que la fecha de Pascua. Ese otro asunto era el arrianismo, es decir, la negación por algunos (Arrio de Alejandría y otros) de un Dios único y trino a la vez. El Concilio define al Hijo como homoousios (en latín consubstantialis) respecto del Padre, es decir, de la misma sustancia que el Padre. Lo dejamos aquí, pero había que mencionarlo para lo que sigue.
¿Resuelto el problema de la fecha de Pascua? En absoluto.
Hay que señalar algo clave para entender lo que viene después: la fecha de Pascua se determina por cálculos, no sobre la Luna astronómica real, sino sobre una luna ficticia, llamada luna eclesiástica o calendaria.
La ventaja de esta «opción» —poder determinar Pascua por cálculo sin observar el cielo para conocer la fecha de la neomenia (luna nueva)— se volverá en contra de los computistas de la época: ¿qué cálculos hay que hacer? Las respuestas serán distintas en Oriente (Alejandría y Antioquía) y en Occidente (Roma).
A) En Oriente se respetan las prescripciones de Nicea y se considera que el equinoccio de primavera cae el 21 de marzo. Además, se calcula la neomenia a partir del ciclo de Metón, según el cual la luna nueva vuelve a la misma fecha cada 19 años.
Teófilo de Alejandría (370-444) elabora tablas, llamadas Tablas alejandrinas, de fechas pascuales según esos elementos. Después, Cirilo de Alejandría continuará esas tablas hasta 531 de nuestra era (247 de la era de Diocleciano). Si pensamos que entraban variables como el número áureo, las indicciones, las letras dominicales y otros ciclos solares (véase calendario litúrgico), se entiende que esas tablas eran tarea de matemáticos de altísimo nivel.
B) En cambio, en Occidente se toma el 25 de marzo como fecha del equinoccio de primavera y, además, se recurre a un antiguo ciclo de 84 años en lugar del ciclo de Metón.
León I, papa entre 440 y 460, intenta, tras el concilio de Calcedonia en 451, cuestionar el cómputo alejandrino de Teófilo y Cirilo. Victorio de Aquitania, en 457 y a petición de Hilario, estudia la cuestión.
Partiendo de los cómputos alejandrinos, presenta un proyecto de ciclo de 532 años que partía de la crucifixión de Jesús y se basaba en el ciclo de Metón (28 ciclos). Parece que Victorio de Aquitania pudo tomar la idea de este ciclo de un tal Próspero, pero no es seguro. En todo caso, su trabajo nunca se oficializó. Volveremos sobre ello.
En resumen: había un gran desorden cuando Dionysius Exiguus intenta reconciliar a todos.
Dionysius Exiguus
Sabemos poco sobre Dionysius Exiguus o Dionisio el Exiguo, salvo que vivió en el siglo VI (murió en Roma hacia 540) y que su sobrenombre de «Exiguo» no venía de su estatura, sino de su humildad.
Era de origen escita (la Escitia, al norte del mar Negro, entre los Cárpatos y el Don; zona hoy repartida entre Moldavia, Ucrania y Rusia oriental), pero vivió en Roma, donde fue monje (o abad). Dominaba griego y latín, y tradujo del griego al latín los cánones conciliares, incluido el de Nicea. Debía de ser, además, un matemático muy estimado para que Juan I le confiara la tarea mencionada al principio del estudio.
Invención o conocimiento de textos que hoy ignoramos, el caso es que presentó las tablas alejandrinas y el ciclo de Metón como validados por el Concilio de Nicea. A partir de ahí, como esas tablas terminaban en 531, las completó con cinco ciclos más, es decir 95 años, hasta 626.
Aunque la construcción de esas tablas pascuales fue su principal trabajo, lo que nos interesa aquí es el cambio de numeración de años que introdujo.
Como claramente no sentía simpatía por Diocleciano, a quien consideraba, con razón, perseguidor de cristianos, eliminó su nombre y su era, que servía de soporte para numerar los años en las tablas pascuales. Fuera, pues, Diocleciano. Las tablas pasarían a referirse a una numeración de años que él llamó Anni Domini nostri Jesu Christi.
Cayo Aurelio Valerio Diocleciano, más conocido como Diocleciano (285-305), promulgó diversas leyes de carácter general que poco a poco se volvieron más represivas contra el cristianismo.
Desencadenaron lo que se llamó la «gran persecución» y preveían destrucción de iglesias, prohibición de reuniones, arresto del clero, pena de muerte y confiscación de bienes para quien se negara a sacrificar a los dioses romanos. Estas medidas se aplicaron en casi todo el Imperio y se acompañaron de castigos y atrocidades de todo tipo.
Fuente: Encyclopédie Universalis
La era cristiana
Dionisio el Exiguo acababa de inventar, sin saberlo y sin buscarlo demasiado, nuestra era actual, conocida con distintos nombres: era cristiana, era dionisiana, era de la encarnación o era vulgar. La cronología histórica ganaba en simplicidad.
¿Cuál era el punto de partida de esa nueva era y, de paso, por qué ese punto y no otro?
Primero, hay que señalar que ese punto de partida, por no conocerse el cero en esa época, será el año 1 y no el año 0.
Después, para fijar el inicio de una era nueva, suele usarse una referencia a una era ya existente. Como no era cuestión de referirse a Diocleciano, Dionisio eligió una era conocida como Ab Urbe Condita (AUC o AC), que correspondía a la fecha de la supuesta fundación de Roma calculada por el historiador Varrón. Su año 1 correspondía al año 753 desde la fundación de Roma. Más tarde corresponderá al 1 de enero del año 754 AUC.
¿Por qué 753? Porque, según Dionisio, ese año correspondería al de la encarnación de Jesucristo.
Algunas obras intentan explicar cómo llegó Dionisio el Exiguo a esa fecha. La verdad es que no lo sabemos.
Otra verdad es que tampoco sabemos cuándo nació Jesús. Lo único seguro es que no fue en 753 AUC. Los cronologistas coinciden en que, según textos y otros eventos (eclipses, estrella de los Reyes Magos...), Cristo habría nacido varios años (de 4 a 6) antes del año determinado por Dionisio. Sin entrar en todas las hipótesis —nos llevaría la semana entera—, señalemos que una de ellas se apoya en que, según san Mateo, Jesús habría nacido bajo el reinado de Herodes y que este murió en el año 4 antes de nuestra era.
En resumen: Jesucristo habría nacido algunos años... antes de Jesucristo. ¿Otro milagro? Por mi parte, me niego a creer que ni Dionisio ni el papa Juan I conocieran los textos; por eso, el misterio de los cálculos de Dionisio sigue intacto.
Además, hablamos de nacimiento, y ahí también hay un pequeño problema. Dionisio, en realidad, habla de encarnación. Para él, ¿encarnación es concepción o nacimiento? Y como explica que Jesús fue concebido un 25 de marzo (qué precisión, como si hubiera estado allí) y nació el 25 de diciembre siguiente (exactamente nueve meses después), no sorprende leer a veces que su era comenzó el 25 de marzo de 753 AUC y otras que comenzó el 25 de diciembre de 753 AUC. Cuestión de interpretación. A condición de decirlo.
Si tuviéramos que resumir todo lo anterior, podríamos decir que el inicio de nuestra era no corresponde estrictamente a nada.
Entonces, ¿por qué hablar de a. C. o d. C., como hago yo mismo en todas las páginas del sitio? Seguramente por fuerza de la costumbre. Dicho eso, las menciones BCE (before Common Era, «antes de nuestra era») y CE (Common Era, «de nuestra era») parecen más realistas y... más rápidas de teclear.
Dionisio el Exiguo no fue el primero en vincular los años del cómputo pascual a la vida de Cristo. Ya vimos que antes que él, Victorio de Aquitania y quizá Próspero de Aquitania siguieron la misma vía. Ellos, en cambio, parten de la crucifixión. Tan parecida era la aproximación que cabe preguntarse si Dionisio no habría «copiado» a Victorio, limitándose a desplazar el inicio de la era de la crucifixión a la encarnación.
En efecto, Victorio de Aquitania había estimado en 28 años la vida de Cristo (duración de un ciclo solar). El primer año de su ciclo pascual comenzaba en 28 d. C. Resulta cuando menos llamativo que ambos se equivocaran en el mismo número de años... a menos que Dionisio se limitara a restar 28 al año 1 de Victorio para fijar su «inicio de era», lo que explicaría su silencio sobre los cálculos. Es solo una reflexión personal.
Incluso antes que ellos (siglo II), los obispos Alejandro, Clemente y Eusebio habrían propuesto ya vincular la cronología a la vida de Cristo.
¿Era realmente intención de todos ellos instituir una nueva cronología? Por mi parte, diría que no. Al menos en el caso de Dionisio el Exiguo. Nada indica que fuera cronologista en sentido estricto y, fuera de sus tablas, no parece que defendiera con firmeza su noción de era.
Numeración de años y comienzo de siglos y milenios
Numeración de años
Ya que hablamos de antes o después de Jesucristo, notemos que existe una sola numeración para los años después de Cristo: 1, 2, 3,... 2000, 2001...
En cambio, para los años antes de Cristo existen dos numeraciones:
- La de los historiadores, que siguen ignorando el cero y anotan los años 1 a. C., 2 a. C.... 150 a. C...
- La de los astrónomos, que consideran desde 1740 que el año 1 a. C. es el año cero. Debemos esta introducción del cero y la numeración negativa de los años anteriores a Cristo al astrónomo francés Jacques Cassini.
Hay que reconocer que introducir el año cero tiene una doble ventaja: permite mantener las reglas de los años bisiestos para los años anteriores a nuestra era y facilita el cálculo de intervalos. Por ejemplo, con numeración de historiadores, ¿cuántos años separan el inicio del año 46 a. C. y el inicio del año 2004 d. C.? Si hacemos 2004 + 46 = 2050, nos equivocamos en un año. En numeración astronómica, 46 a. C. pasa a ser -45 y el cálculo 2004 - (-45) = 2049 es correcto.
El problema es que, cuando se escribe -45, no siempre se sabe a qué sistema se refiere. Una solución es escribir simplemente 45 a. C., y queda claro que no hay año cero. Otra solución sería respetar una convención de notación que propone anteponer una tilde (~) a los años en numeración sin cero. Así, -45 = ~46.
| Años | Antes de Jesucristo | Después de Jesucristo | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Histórica 1 | 4 a. C. | 3 a. C. | 2 a. C. | 1 a. C. | 1 d. C. | 2 d. C. | 3 d. C. | 4 d. C. |
| Histórica 2 | ~4 | ~3 | ~2 | ~1 | 1 | 2 | 3 | 4 |
| Astronómica | -3 | -2 | -1 | 0 | 1 | 2 | 3 | 4 |
Comienzo de siglos y milenios
Por definición, un siglo dura 100 años. Como no hay año cero, el primer siglo va del 1 de enero del año 1 al 31 de diciembre del año 100; el siglo XX fue del 1 de enero de 1901 al 31 de diciembre de 2000.
Lo mismo para los milenios: por definición un milenio dura 1000 años y, por tanto...
No hay motivo para dedicarle el día entero ni para montar una polémica.
El cómputo de los años en la Edad Media
Como hemos visto, Dionisio el Exiguo fue un defensor bastante flojo de su propia era, ya que él mismo fechaba sus textos en el viejo sistema de indicciones (volveremos sobre este término). Su sistema cronológico habría caído seguramente en el olvido, salvo para los usuarios de sus tablas que, dicho sea de paso, eran tan erróneas como el ciclo de Metón sobre el que estaban construidas.
Si no ocurrió así, fue en buena medida gracias a Beda, que construyó su Historia ecclesiastica gentis Anglorum (historia eclesiástica de la nación inglesa) usando la era dionisiana. Como ya le he dedicado muchas líneas, no volveremos aquí sobre Beda, que sin salir de su «rincón» se convirtió en el mayor cronologista inglés. La ayuda providencial y el prestigio de Beda hicieron que la era cristiana se impusiera poco a poco.
Se le considera hoy el primer historiador de Inglaterra y, sin embargo, Beda el Venerable fue ante todo, para los siglos que le siguieron de inmediato, autor de obras técnicas que fundaron la cultura literaria, histórica e incluso científica de la Alta Edad Media, además de gran comentarista de la Biblia, el que reunió, resumió y transmitió la suma de interpretaciones elaboradas por los Padres de la Iglesia. Encyclopédie Universalis.
Las fechas de adopción de la era cristiana varían según las fuentes. Lo único seguro es que hicieron falta varios siglos para que su uso se volviera corriente en la sociedad.
Por supuesto, se difunde rápidamente con las tablas pascuales, pero solo bajo el papado de Juan XIII (965-972) habría sustituido oficialmente a la indicción en la cancillería. Inglaterra habría reaccionado antes, adoptando la era cristiana en el sínodo de Whitby en 664 y luego, gracias al empuje de Beda, en una carta de 676. Europa tuvo que esperar al siglo XII, España al XIV y el mundo griego al XV.
Pero entonces, ¿cómo se contaban los años en la Edad Media?
Se contaban de manera bastante anárquica. En lugar de una numeración lineal y continua como hoy, la datación era segmentada. Por ejemplo, se volvía a empezar en 1 cuando subía al trono un rey o un emperador. Era el caso de la famosa era de Diocleciano, tan poco apreciada por Dionisio el Exiguo. ¿Por qué esta era resistió más que otras entre los computistas? Quizá porque la epacta lunar (epacta = número de días transcurridos desde la luna nueva anterior al inicio del año) era nula.
El año de la fundación de Roma (AUC: ab urbe condita) también tuvo gran éxito. De hecho, esa es la referencia que usó Dionisio para «situar» la era dionisiana.
Pero hubo un sistema de numeración especialmente exitoso: la indicción. Utilizada sola o junto a otra numeración (contada desde un rey, por ejemplo), dominó los cómputos eclesiásticos y no solo ellos, como veremos en ejemplos concretos. Corresponde a un período de 15 años usado en origen para la recaudación de impuestos. En tiempos de César comenzaba en octubre. Gregorio VIII trasladó su fecha de inicio al 1 de enero en 313. Se decía, por ejemplo, 4.ª indicción para señalar que el año era el cuarto del ciclo. El punto de partida de las indicciones se sitúa en 312.
Para aclararlo, veamos ejemplos a través de distintas fechas puestas en documentos que puedes consultar aquí, con manuscrito original. Yo, por cuestiones de copyright, solo reproduzco uno.
- Este manuscrito es un documento de Childeberto III (n. c. 683 - Compiègne, 14/04/711), rey de Soissons (Neustria), de Metz (Austrasia), de París, de Orleans, de Borgoña y de todo el país franco (695-711), fechado Dat(um) sub d(ies) X kal(endas) Ianuari(i), an(no) primo rign(i) n(ostr)i, que puede traducirse por 10 de las Calendas de enero del primer año de nuestro reinado, fecha correspondiente al 23 de diciembre de 695.
- Un documento de Carlos «el Grande», llamado «Carlomagno» (n. Ingelheim, 2/04/742 - Aquisgrán, 28/01/814), rey en 754, rey de Neustria, Austrasia y Aquitania occidental (768-814), rey de Lombardía y patricio de Roma (774), emperador de los romanos (Navidad del 800), está fechado data in mens(e) Decem(ri) anno quartodecimo et octavo regni n(ost)ri, que puede traducirse por diciembre de los años 14 y 8 de nuestro reinado, fecha correspondiente a diciembre de 781. Aquí vemos una doble referencia a hechos de la vida de Carlomagno.
- Y para terminar, un documento de Luis III, rey de Germania (822-882), está fechado Data XVI k(a)l(endas) Febr(uarii) anno dominicae incar(ationis) dccclxxxi, indict(ione) xiii, anno vi to regni hludouuici serenissimi regis, que puede traducirse por 16 calendas de febrero del año 881 de la encarnación, 13.ª indicción, 6.º año del reinado de Luis.
Aquí tenemos el paquete completo: era cristiana, indicción y referencia a un reinado. Tan preciso que aparece una contradicción entre el 6.º año de reinado (882) y la 15.ª indicción (811). Entonces, ¿es 17 de enero de 882 o 17 de enero de 881?
Se ve bien, en estas fechas larguísimas, lo difícil que es reconstruir una cronología cuando no es continua.
El comienzo del año
Hoy nos parece natural comenzar el año el 1 de enero. Aunque, si miramos un calendario escolar, puede dar la impresión de que el año empieza el 1 de septiembre. Bastaría con que el 31 de agosto pasáramos de 2004 a 2005, por ejemplo, para imaginar lo que ocurrió en otra época.
Y esa época vuelve a ser la Edad Media. Solo que, evidentemente, no era la vuelta al cole lo que marcaba el cambio de año. Se usaban muchas fechas, llamadas estilos. En su mayoría, correspondían a acontecimientos religiosos.
Nos quedamos en Francia y repasamos los principales estilos usados, unos de fecha fija y otro de fecha variable.
- El estilo del primero de marzo se usó en los siglos VI y VII.
- El estilo de la Natividad (25 de diciembre) estuvo en vigor entre los carolingios. Por ejemplo, Carlomagno es coronado el 25 de diciembre de 800, primer día del año.
- El estilo de la Anunciación (25 de marzo) es en realidad doble e incluye el estilo florentino (usado en el Mediodía y el Delfinado), que retrasa tres meses respecto al nuestro, y el estilo pisano, que lleva un año de adelanto respecto al anterior, y por tanto 9 meses sobre el nuestro.
- El estilo de la Resurrección o estilo pascual se adopta a partir del siglo XII y se generaliza en los siglos XII y XIII. Mala noticia para los historiadores, que deben buscar las fechas de Pascua para saber cuándo cambia el año. También es llamativo porque hacía variar la duración del año, que podía ir de 330 a 400 días.
¿Y el estilo del primero de enero?
El problema era que enero estaba dedicado a Jano, divinidad pagana como pocas, y nadie estaba muy dispuesto a empezar el año el 1 de enero. Hasta un 9 de agosto de 1564.
Carlos IX (1550-1574), rey de Francia de 1560 a 1574, es más conocido por la matanza de San Bartolomé del 24 de agosto de 1572 que por su Edicto de Rosellón, firmado en el castillo de Rosellón que vemos arriba.
Para afianzar el poder de su hijo Carlos IX, Catalina de Médicis emprende con él un largo viaje por el reino (1564-1566). El nuevo rey tiene entonces 13 años. A causa de una epidemia de peste, toda la corte se refugia en Rosellón, no lejos de Lyon. Allí Carlos IX y sus ministros (o tal vez al revés), Michel de l'Hospital y Sébastien de l'Aubespine, revisan una ley relativa a la justicia. Añaden, no se sabe bien por qué, un artículo 39 que estipula que el año comenzará en adelante el 1 de enero. Es el Edicto de Rosellón, del que aquí va un fragmento:
"Queremos y ordenamos que, en todos los actos, registros, instrumentos, contratos, ordenanzas y edictos, tanto patentes como cartas, y en toda escritura privada, el año comience desde ahora y se cuente desde el primer día de este mes de enero.
Dado en Rosellón, el noveno día de agosto del año de gracia mil quinientos sesenta y cuatro, y cuarto de nuestro reinado. Firmado así por el Rey en su Consejo."
Sébastien de l'Aubespine.
Con los retrasos de aplicación, hubo que esperar a 1567 para que el edicto se aplicara en París y aún más para el resto del reino. Y, poco después, en 1582, llegó la gran reforma gregoriana.
La cronología tal como la conocemos había nacido.