Fecha de la Batalla de Flores de Laredo
La fiesta de la Batalla de Flores de Laredo está programada en las siguientes fechas:
- viernes 28 de agosto de 2026
- viernes 27 de agosto de 2027
- viernes 25 de agosto de 2028
La fecha es fija cada año, el último viernes del mes de agosto.
Origen de la fiesta de la Batalla de Flores
Cada último viernes de agosto, desde hace ya más de 100 años, la villa marinera de Laredo, en Cantabria, se convierte en el epicentro de una de las festividades más espectaculares, coloridas y minuciosas de España: la Batalla de Flores. Declarada Fiesta de Interés Turístico desde 1965, esta celebración combina arte, tradición, música y participación popular en un espectacular desfile de carrozas decoradas íntegramente con flores naturales.
Su origen se remonta a 1908, y fue el resultado de un contexto histórico muy concreto: la transformación de Laredo durante la Belle Époque, el auge de su turismo de verano y su deseo de proyectar una imagen atractiva de la ciudad. Así pues, no fue una fiesta heredada de siglos anteriores, ni estuvo vinculada a celebraciones religiosas, como ocurría con gran parte de las festividades españolas de comienzos del siglo XX.
Laredo y la belle époque
A finales del siglo XIX y principios del XX estaban de moda en Europa los «baños de ola», una práctica medicinal y social impulsada por la aristocracia que no era otra cosa que bañarse en el mar1. En España, fue la reina Isabel II quien inició la costumbre aconsejada por los médicos, que veían muchos beneficios terapéuticos en el agua de mar. Gracias a estos baños, el norte del país2 experimentó un auge turístico sin precedentes y Laredo, con su enorme Playa de la Salvé, se convirtió en uno de los destinos de veraneo predilectos de la alta burguesía y la aristocracia española procedente de Madrid y otras ciudades del interior.
Pero la competencia era cada vez más importante entre las ciudades costeras por atraer a los bañistas y mantenerlos. Eran los años de la denominada Belle Époque, y el optimismo económico, el desarrollo cultural y el gusto por las fiestas elegantes guiaba a los turistas. Así que las autoridades locales no dejaban de buscar fórmulas para entretener a esta selecta colonia veraniega.
En este escenario, Don Arsenio Lazbal González, secretario municipal del Ayuntamiento de Laredo, recogió la idea de algunos burgueses veraneantes de crear una nueva festividad que sirviera como broche de oro para despedir el verano. Entonces, inspirándose en los desfiles florales que se celebraban en numerosas ciudades europeas, como en Niza, y que ya habían llegado al mediterráneo español a lugares como Valencia y Murcia3, propuso organizar un festejo floral, pero con la particularidad de hacerlo en el mar.
Este proyecto festivo fue respaldado de inmediato por el alcalde, Santiago Basadre, la corporación municipal y la Cofradía de Pescadores. Había nacido la Batalla de Flores de Laredo.
De la primera edición en el mar en 1908, a la tierra
El 30 de agosto de 1908 tuvo lugar la primera edición de la Batalla de Flores de Laredo. Veinticinco traineras que pertenecían al cabildo desfilaron por el puerto engalanadas completamente de flores y guirnaldas, acompañadas por una banda de música y ante un numeroso grupo de espectadores. Movidas puramente a remo por los propios marineros locales, desde ellas, los tripulantes lanzaban caramelos, pasteles y confeti al público.
¿Sabías que…?
Junto a las traineras, navegó una espectacular góndola llamada «La Argentina», patrocinada por el indiano Nicasio Escalante y diseñada por el joven arquitecto laredano Gonzalo Bringas Vega (que años más tarde diseñaría el famoso Palacio de la Magdalena en Santander). «La Argentina» causó tanta admiración por su suntuosidad que se alzó como la legítima ganadora de aquella primera edición de 1908.
El éxito de la fiesta fue enorme. Pero surgió una cuestión importante: la celebración marítima limitaba la participación popular. Por eso se propuso casi de inmediato trasladar el desfile a tierra firme para que todo el vecindario pudiera involucrarse en la fiesta. La propuesta fue aceptada y ya en la segunda edición, la de 1909, el recorrido se estableció en la calle Menéndez Pelayo, conocida popularmente como «la Calle del Paseo».
Este cambio marcó el verdadero nacimiento de la Batalla de Flores tal como hoy se conoce. Se dedicó un mayor presupuesto a la fiesta y los barcos fueron sustituidos por carrozas decoradas con flores naturales. También empezó a promocionarse la batalla como concurso, con un premio a la mejor carroza, y esto hizo que año tras año se fuese produciendo una evolución artística que transformaría simples plataformas adornadas en auténticas esculturas florales.
Una rápida consolidación que llega hasta hoy
Durante las décadas de 1910 y 1920 la fiesta se consolidó rápidamente. Las carrozas fueron ganando en tamaño, complejidad y calidad artística, y el jurado cada vez lo tenía más difícil para elegir a los ganadores. Los participantes desfilaban disfrazados y las alegorías representaban escenas fantásticas, históricas o costumbristas. La Batalla de Flores comenzó a atraer visitantes de toda Cantabria y de provincias vecinas.
Tan sólo el estallido de la Guerra Civil provocó que dejara de celebrarse la fiesta. Entre 1936 y 1939 ha sido su única interrupción desde su nacimiento en 19084. Tras la guerra, la celebración se recuperó gradualmente y, a partir de los años sesenta, el auge del turismo masivo impulsó una nueva etapa de crecimiento. Las carrozas alcanzaron dimensiones monumentales, se redujo el número de participantes en favor de la espectacularidad y la fiesta adquirió la proyección nacional que conserva hoy, refrendada por la declaración de Fiesta de Interés Turístico en 1965. En 2011 fue también declarada como Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Hoy, ya completamente reconocida a nivel nacional e internacional, más que una simple fiesta floral, la Batalla de Flores constituye un reflejo de la transformación social de Laredo durante el siglo XX que tiene su incidencia en la actualidad. Así, toda la ciudad participa y vive una gran parte del año pendiente de la fiesta, que transformó el paisaje rural de Laredo y sus alrededores llenando sus campos de las flores que en la última semana de agosto se usarán para la Batalla.
Celebración de la Batalla de Flores de Laredo
La Batalla de Flores se celebra siempre el último viernes de agosto, coincidiendo con el final de la temporada estival y enmarcada dentro de la Semana Grande de Laredo. Su acto principal es el desfile de carrozas alegóricas construidas por agrupaciones de carrocistas locales. Estas estructuras, que pueden medir hasta 8,5 metros de largo y 7 de alto, están recubiertas por cientos de miles de flores naturales colocadas una a una, formando figuras, personajes y escenas de gran complejidad artística.
La Batalla de Flores actual es el resultado de un año entero de trabajo vecinal. Así, aunque el momento grande es el viernes, el día de la Batalla, la fiesta se vive durante los meses y hasta las mismas horas previas, cuando se produce una carrera contrarreloj para adornar las carrozas.
El cultivo de las flores y la «Noche Mágica»
El cien por cien de la superficie de las impresionantes carrozas que forman parte de la Batalla deben estar cubiertas por flores frescas. Los meses previos se dedican entonces al diseño y modelado de las estructuras metálicas y de corcho que formarán las carrozas y aguantarán el peso floral, así como al cultivo de las flores en los campos que rodean la ciudad. Son los llamados «carrocistas», todos habitantes de Laredo, los que se encargan de todo ello.
La víspera del desfile se conoce como la «Noche Mágica» o «Noche de la flor», y supone el clímax de todo el esfuerzo de los meses anteriores. Esa misma tarde se cortan las flores en los campos y se clavan una a una a contrarreloj para que luzcan frescas y perfectas durante el desfile. Vecinos de todas las edades, familias y amigos se reúnen en los talleres para clavar las flores, una a una, sobre las estructuras de corcho y madera utilizando las técnicas del «clavado» y el «empetalado».
A partir de las 20:00 horas comienza oficialmente la «Noche mágica», que dura hasta bien entrada la madrugada. Este es uno de los momentos más recomendados para los visitantes. Las puertas de los talleres y carpas de los carrocistas se abren para que el público pueda ver en directo el trabajo frenético de todo el pueblo colocando los millones de pétalos y flores en las estructuras.
Una técnica que evoluciona para clavar más de 1 millón de flores
En las primeras décadas, las flores se adherían a la carroza utilizando pez, una resina negra y pegajosa extraída de la brea. Con el tiempo, buscando que las flores aguantaran más tiempo erguidas y frescas, el método se sofisticó: se abandonó la resina y se adoptó el uso de finos clavos de metal y palillos de madera, que permiten fijar cada flor de forma individual sobre corcho blanco (poliestireno).
Para las zonas que requieren una textura perfectamente lisa o detalles anatómicos complejos, como los rostros o manos de las figuras, se desarrolló la técnica de «empetalar», e decir, pegar los pétalos uno a uno utilizando un pegamento casero hecho a base de harina y agua.
Se estima que las carrozas más grandes pueden llevar más de 100.000 flores individuales, la mayoría claveles y dalias de diversos colores cultivadas en los campos alrededor de Laredo. En total se utilizan en torno al millón y medio de flores.
El desfile de la Batalla de Flores y los premios
El viernes es el día grande. Ya desde la mañana hay una gran animación callejera, con charangas y pasacalles por el centro de la villa. Y a las 17:30, tras el anuncio que se hace disparando tres bombas de palenque, comienza la Batalla de Flores de Laredo.
El recorrido principal tiene lugar en la Alameda Miramar, donde miles de espectadores contemplan el desfile de las gigantescas carrozas, que pueden alcanzar los 7 metros de altura, con relieves artísticos perfectos, degradados de color imposibles y composiciones que van desde la mitología hasta la cultura popular. El desfile se acompaña de grupos de música, charangas, peñas y pasacalles que llenan el circuito de alegría.
Durante el evento, un jurado evalúa las obras basándose en la originalidad, el diseño, el tamaño y, sobre todo, la perfección en la disposición y clavado de la flor. Las carrozas dan en total tres vueltas al circuito de la Alameda Miramar: las dos primeras sirven para que el jurado califique las califique; la tercera vuelta se realiza para la entrega de los correspondientes premios.
Tras darse a conocer la carroza ganadora, se desata la verdadera «batalla», en la que el público y los participantes se lanzan confeti en una explosión de júbilo. Toda la tarde continúa la fiesta, con verbenas y conciertos al aire libre, hasta que justo a la medianoche, un gran espectáculo de fuegos artificiales tiene lugar en la bahía de Laredo para dar por terminada la fiesta de la Batalla de Flores.
El sábado y el domingo todavía quedan expuestas todas las carrozas en una de las plazas centrales de Laredo, para que los visitantes puedan contemplar los minuciosos detalles arquitectónicos y florales de cada una de estas obras de arte efímeras antes de que las flores terminen de marchitarse.
Referencias
En su origen, como en aquella época pocas personas sabían nadar, se disponía en el mar un ancla a la que se amarraba una cuerda que llegaba a la orilla y los bañistas, agarrados a ella, entraban en el agua y recibían los embates de las olas, de ahí el nombre de «baños de ola».
Santander fue la primera ciudad que, a mediados del siglo XIX, anunció en los periódicos los baños de mar y donde más arraigó la costumbre. La Gaceta Médica del 20 de julio de 1849, señalaba ya que “los baños de mar en Santander, en cuya ría hay dos establecimientos de esta clase con las disposiciones necesarias para administrarlos a todas las temperaturas y hasta en días revueltos y de lluvia, y finalmente los baños del Sardinero, llamados de ola, están mejor dispuestos que cuantos se conocen en España, y sin comparación son mejores también que los de Biarritz”.
A mediados del siglo XIX surgieron en Italia y el sur de Francia los primeros «corsos», palabra que deriva del latín «cursus» y que significa «recorrido». Los corsos eran procesiones que contaban con carros y carretas decorados con flores, normalmente formando parte de celebraciones religiosas como el Corpus Christi o de festividades como el carnaval.
En Á. REVUELTA y A. SETIÉN: Historia de la Batalla de Flores de Laredo. Ayto. de Laredo, 2002.La fiesta tampoco pudo celebrarse en los años 2020 y 2021 a causa de la crisis sanitaria del COVID-19. Se retomó con récord de asistencia en 2022.